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Introducción
La cerámica en el ámbito de las Artes
La cerámica en la antigüedad
Edad Media: máximo esplendor
Siglo XVII: declive
Siglo XVIII: nacimiento de la porcelana
Catalogación
Los gustos de la monarquía española
Documentación
La cerámica en el ámbito de las
Artes
El presente
Catálogo pretende mostrar, por primera vez de forma sistemática, un conjunto artístico
tan poco conocido como lleno de interés: la colección de porcelana española que se
conserva en los Palacios Reales, y que comprende piezas de Talavera, Buen Retiro,
Capodimonte, Moncloa, Pickmann, Sargadelos, Santander y Valdemorillo.
Una cuestión previa
que se plantea cuando se habla de porcelana es la que se refiere a su adscripción, en una
u otra categoría, dentro del ámbito de las Artes. Tradicionalmente, la porcelana (junto
con otras piezas como cristales, abanicos, plata, esmaltes, etc.) se ha incluido, la
mayoría de las veces, en el grupo de las denominadas «artes menores» o, en el mejor de
los casos, «artes decorativas». Esta inclusión se debe al hecho de considerar que las
porcelanas son, generalmente, objetos destinados al uso suntuario. Sin embargo, esta
terminología, que entraña un cierto matiz despectivo, no refleja la entidad y el
significado de las piezas cerámicas que, evidentemente, han sufrido una evolución a lo
largo de la historia, tanto en los materiales básicos que las componen como en los
distintos estilos decorativos que las adornan. Ambos elementos, materiales y estilos, han
contribuido a que su uso y valor hayan sido muy variados.
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La cerámica en la
Antigüedad
No se trata de
exponer ahora una minuciosa descripción de la historia de la cerámica y de la porcelana
desde sus orígenes, ya que esto nos llevaría lejos y nos apartaría de la colección que
ahora estudiamos, sino de engarzar las piezas que vamos a comentar, dentro de la
tradición cerámica, en su evolución histórica. El uso del barro mezclado con agua ha
sido una de las prácticas más comunes que realizó el hombre con el fin de conseguir
recipientes destinados a cubrir las necesidades primarias de los pueblos, como el servir
de utensilios de cocina, ser conserveros de medicinas y aceites y estar destinados a las
prácticas religiosas. Estas rudimentarias mezclas, conocidas a partir de las excavaciones
arqueológicas, fueron perfeccionándose en las grandes civilizaciones antiguas. Así, las
cerámicas egipcias, palestinenses y, sobre todo, griegas, configuraron un estilo
ornamental aparte de conseguir una gran calidad en la textura y cocción de las
piezas que no puede ser considerado como un simple «arte menor», sino que es la
expresión de la cultura y el arte de todo un pueblo. Tengamos también en cuenta que la
cerámica ha sido, en la historia antigua y medieval, un elemento esencial a la hora de
datar y fechar periodos históricos; por ejemplo, gracias a las cerámicas encontradas en
los distintos estratos de la ciudad de Jericó se han podido reconstruir las distintas
etapas y edificaciones de esta, y también llegar al establecimiento de una cronología
para todo el Oriente Próximo.
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Edad Media: máximo esplendor
En la
Edad Media, especialmente a raíz del desarrollo de las ciudades, y con la aparición de
los gremios artesanales, tuvo lugar un florecimiento de la loza destinada a usos
cotidianos de diverso tipo y, sobre todo, a los azulejos que forraron mamposterías,
suelos y zócalos. Simultáneamente, las cerámicas serán usadas tanto para los centros
civiles como religiosos. En este sentido, hay que recordar cómo proliferaron las piezas
en monasterios y conventos, así como los albarelos y las orzas de farmacia. Es el momento
de la «faienza» italiana, la Talavera española y la aparición de los alfares de
Frankhenthal y de los hornos ingleses, entre otros. Muy importantes serán las labores
árabes de la loza dorada y la cuerda seca, que tanta influencia tendrán en la Península
Ibérica: núcleos alfareros como Paterna-Manises y Málaga-Sevilla-Granada se dedicarán
a la manufactura de piezas de reflejo dorado con inscripciones nesjíes, al tiempo que
cubrirán espacios arquitectónicos con las cintas y alíceres moriscos. La confluencia de
la corriente árabe con la tradición talaverana y las influencias llegadas de Italia
recordemos cómo la venida a Sevilla del famoso azulejero Francisco Niculoso Pisano
en 1504 impuso la técnica del azulejo plano que permitía las grandes composiciones
extendidas en paneles crearon un nuevo estilo monopolizado por Talavera que, como
veremos, hará las veces de Manufactura Real. Durante el siglo XVI los hornos cerámicos
de origen medieval alcanzaron su máximo esplendor, aunque en el XVII conocieron su
declive.
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Siglo XVII: declive
El advenimiento del
Renacimiento y el humanismo trajo consigo el auge de nuevos descubrimientos científicos y
nuevas expectativas tecnológicas que impulsaron la investigación en todos los campos del
saber; ya no bastaban los usos y costumbres de tiempos anteriores: se hacía necesaria de
forma urgente la adaptación de las Artes, y en concreto de las cerámicas, al estilo de
vida surgido de las nuevas corrientes de pensamiento. Los grandes viajes y la expansión
europea, tanto a Oriente como a Occidente, contribuyeron decisivamente a abrir el
horizonte del viejo mundo a formas de existencia radicalmente distintas: las compañías
comerciales y los viajeros del momento dieron a conocer los productos exóticos fabricados
en lejanos países, y el conocimiento de la porcelana china incitó a las monarquías
europeas a patrocinar fábricas y manufacturas de porcelana capaces de producir piezas al
estilo oriental.
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Siglo XVIII: nacimiento de la
porcelana
La llegada del siglo
XVIII supondrá un gran cambio en la concepción de las piezas cerámicas. A partir de
este momento quedan claramente diferenciados los objetos destinados a usos corrientes de
aquellos que van a decorar los grandes palacios neoclásicos. Ya no es posible utilizar un
material basto para ornamentar estancias lujosas, sino que se hace imprescindible la
búsqueda de unas pastas cuya calidad y decoración sean dignas de reposar sobre las
consolas Luis XVI.
Nace, pues, la
porcelana, tras el intento que enfebreció a todas las fábricas europeas por encontrar la
mezcla que produjera objetos realizados a la manera china. Meissen, Sévres, Wedgwood,
Viena, Capodimonte y, en el caso español, Buen Retiro, serán las manufacturas surgidas
bajo el patrocinio de reyes o nobles, que se dedicarán a buscar el secreto de la pasta
dura y a ponerlo en práctica sobre esculturas, vajillas y todo tipo de jarrones
destinados a un uso meramente suntuario. Acababa de aparecer la porcelana como un «arte
decorativa». Ahora bien, este cambio de concepción de las piezas no tiene por qué
conllevar un matiz despectivo, sino simplemente el de indicar que los objetos artísticos
responden a una coyuntura histórica determinada en este caso el nacimiento de la
Ilustración y nunca deben separarse del contexto cultural y vital en el que
aparecieron. Las «artes decorativas» son la expresión de un sentir y de una forma de
vida específica, que se refieren siempre a un momento preciso de la Historia.
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Catalogación
En la elaboración y
redacción de este Catálogo se ha efectuado la recopilación y estudio de una parte de
las piezas que integran la colección de cerámicas y porcelanas del Patrimonio Nacional,
muy amplia en cuanto a número de piezas se refiere, y muy variada en cuanto a formas,
fábricas y decoraciones. Ante la imposibilidad de englobar todos los objetos de la
colección, hemos optado por presentar una pequeña parte de ella; se trata de aquellas
piezas fabricadas en manufacturas españolas que constituyen una unidad temática y
estilística, desde el siglo XVI hasta el siglo XX. Vamos, por tanto, a ofrecer la
catalogación de las piezas españolas que se encuentran en los siguientes Reales Sitios:
Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y Palacios Reales de El Pardo, Aranjuez, La
Granja y Madrid.
La catalogación de
estas piezas se ha concebido de acuerdo con un criterio estilístico y cronológico: se
han agrupado los objetos por fábricas Talavera, Buen Retiro, Capodimonte, Moncloa,
etc., ya que cada manufactura guarda una unidad decorativa que permite el
tratamiento de las piezas de forma autónoma, diseñando, a la vez, la trayectoria de las
distintas factorías. Se ha realizado un pequeño estudio de cada una de las manufacturas,
destacando los elementos decorativos, las formas más sobresalientes que los caracterizan
y las personalidades más destacadas que trabajan en ellas, subrayando, especialmente, la
relación existente con la Casa Real. Además de indicar la trayectoria general de cada
industria, se ha hecho especial hincapié en algunos conjuntos determinados realizados por
determinadas fábricas: véase como ejemplo el botamen de farmacia hecho en Talavera, o
las vajillas de los priores de El Escorial: en estos casos se ha destinado un apartado
concreto, dentro de la fábrica en cuestión, para especificar las notas características
de estos grupos.
Finalmente, el
estudio se completa con las fichas individualizadas de cada objeto, que constan de tres
partes: la primera se refiere a los datos imprescindibles para la identificación de una
pieza, como el material con el que está hecha, fecha y situación en los Palacios, etc.;
la segunda se dedica a la descripción y comentario estilístico de la pieza; y la tercera
comprende la bibliografía en la que se cita la pieza y las exposiciones en las que
figuró, si las hubo. El comentario técnico va acompañado de una o varias ilustraciones,
que muestran el objeto en sus partes específicas o peculiares. Tanto la descripción de
la trayectoria de las fábricas como las tres partes en las que se divide el comentario de
la pieza pretenden situar, en primer lugar, su contexto histórico, para mostrar, en un
segundo momento, sus connotaciones estéticas, desprendidas del estudio de los elementos
visibles y de las aportaciones bibliográficas y documentales. El resultado final permite
observar el conjunto de las piezas españolas de la colección Real como un todo que
responde a un contexto histórico en el que se desarrollan distintos estilos artísticos
en el hacer cerámico, que son, a su vez, la expresión de un sentir cultural de distintos
momentos.
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Los gustos de la Monarquía española
El Catálogo ha
recogido las piezas más representativas fabricadas en España desde el siglo XVI, y en
él se han estudiado todas las fábricas de las que el Patrimonio Nacional conserva
objetos. El estudioso comprobará la ausencia de hornos significativos como los de Teruel,
Paterna y Manises, Granada y Málaga, y las cerámicas catalanas entre otras. Esto es un
indicativo de la orientación y de los gustos de la Monarquía española, que se centró,
bien en manufacturas cercanas a la Corte, bien en fábricas de fácil comunicación.
Comenzando por
Talavera y terminando en los alfares trianeros de principios del siglo XX, se hace un
recorrido por Buen Retiro, Capodimonte, Moncloa, Pickmann, Sargadelos, Santander y
Valdemorillo. Se destacan, especialmente, los objetos fabricados en Talavera y Buen
Retiro, por ser manufacturas que tradicionalmente han trabajado para la Real Casa. Merecen
una distinción especial la serie talaverana de los Priores de El Escorial, el botamen de
Farmacia del Palacio Real de Madrid y, sobre todo, las Salas de porcelana de los Palacios
de Aranjuez y Madrid, a través de las cuales se deja sentir la influencia de las
corrientes ceramistas europeas como Meissen, Sévres, etc. También nos parece importante
destacar las placas de porcelana de la Casa del Príncipe de El Escorial, elaboradas
según el estilo de la cerámica inglesa de Wedgwood, que contienen un excelente material
iconográfico.
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Documentación
Aparte del estudio
histórico y estilístico de las fábricas y de las piezas, se ha realizado una
investigación en el Archivo del Palacio Real de Madrid para documentar las piezas lo
mejor posible. Se ha consultado la Sección de Inventarios, Testamentarías y Cuentas, con
el objeto de localizar las referencias que hicieran posible la identificación de un
objeto, su procedencia, su coste y su ubicación primitiva. En muchos casos ha resultado
imposible hallar vestigios documentales; en otros, la pieza en cuestión aparece reseñada
en un inventario. Creemos conveniente indicar que la documentación acerca de objetos de
porcelana posee bastantes lagunas y, en muchos casos, carece de una descripción completa
que permita averiguar de qué pieza se trata; esta dificultad ha impedido documentar
fielmente muchos objetos. De todas formas, se ofrece una relación de todos los documentos
consultados que se incluyen en las fábricas correspondientes. Valorando el conjunto
estudiado, nos parece fundamental destacar la documentación relativa a la Fábrica del
Buen Retiro encontrada en la Sección de las Administraciones Patrimoniales
que amplía las escasas noticias conocidas sobre la trayectoria de esta manufactura.
María
Leticia Sánchez Hernández
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