Andalucía, junto con Toledo y la zona mediterránea, ha sido siempre uno de los lugares
de España con un mayor desarrollo en artes cerámicas. Sin duda, la influencia árabe fue
decisiva a la hora de poner en práctica técnicas y formas decorativas tales como los
alicatados, los mosaicos, los azulejos en relieve, los azulejos de cuenca o arista y los
azulejos vidriados. Ciudades como Sevilla, Málaga y Granada se convertirán en los
principales centros de producción. Sin embargo, será Sevilla la que logre la hegemonía
gracias a la explosión demográfica y económica de los siglos XV y XVI, aunque los
alfares se remontan hasta el siglo XII. Del grupo de alfares sevillanos más importante,
ubicado en el barrio de Triana, apenas se ha conservado documentación que permita un
estudio amplio de las piezas. Se conoce la existencia de lebrillos, jarrones, brocales de
pozo y una colección muy interesante de pilas bautismales vidriadas en verde. A pesar de
todos los avatares ocurridos en la ciudad, especialmente después de la pérdida de la
Casa de la Contratación y de la crisis económica del siglo XVIII, los alfares trianeros
se mantuvieron durante mucho tiempo. En la actualidad permanecen los siguientes: la
Cerámica de Santa Ana, en la calle de San Jorge 31, que produce azulejos, jarros,
fuentes, etc. en un vidriado estannífero polícromo; la Cerámica de Montalván, en la
calle Alfarerías 23, que elabora alfarería sin vidriar; y la Alfarería Bernal, en la
calle Antillano Campos, que realiza macetas.Durante los siglos XVIII y XIX, y el primer tercio del siglo XX, se fabrican,
fundamentalmente, géneros populares cuya decoración se basa en los motivos ornamentales
de los siglos XVI y XVII. Encontraremos piezas pintadas con abundante amarillo, ocre y
verde, animando aves y cuadrúpedos con cenefas moteadas en azul. Un claro ejemplo de
estas decoraciones puede contemplarse en el gran tiesto clasificado con el número 218, en
el que las águilas se mezclan con los roleos y los frutos, sobre un fondo amarillo.
También se copiarán los modelos de los azulejos dieciochescos, así como los temas de
montería con cenefas florales y geométricas. Se trata de escenas de caza sobre fondos de
paisaje combinadas con escenas pastoriles y de género; tal es el caso del jarrón 217, en
el que aparece un grupo de toros bravos guiados por su caballista, sobre un fondo de
paisaje. Abundan, igualmente, las escenas relativas a temas del toreo, como en el 215, en
el que la figura del toro destaca sobre un fondo verdoso. En éste aparece también el
nombre de uno de los principales alfareros trianeros del primer tercio del siglo XX:
Manuel Corbato.
Finalmente, destacamos el jarrón 216, que
aparece decorado con una escena del Quijote, motivo muy utilizado en los paneles planos de
azulejos del siglo XVIII. Dentro de esta pieza hay que observar dos elementos importantes:
por un lado, la referencia específica a Alfonso XIII, lo que hace suponer que el jarrón
fue destinado especialmente a la Casa Real; y por otro, la constatación de la fecha y
lugar de elaboración de la misma: «Triana, 1917». |