El fundador de la fábrica de Pasajes fue C. Baignol, nieto de uno de los miembros más
importantes de la manufactura francesa de Limoges, Étienne Baignol. En 1851 se dirigió
al Ayuntamiento de Pasajes de San Juan proponiendo la creación de una fábrica de
porcelana en un edificio que anteriormente ocuparon los jesuitas y en un terreno
colindante perteneciente a la empresa de construcción naval. El Ayuntamiento accedió a
la propuesta de Baignol con las siguientes condiciones: «el arrendatario no estará
sujeto a impuestos; el arrendatario y sus operarios quedarán obligados al pago de los
impuestos municipales; el arrendatario deberá pagar 800 reales de vellón anuales al
Ayuntamiento de Pasajes; finalmente, el arrendatario tendrá la obligación de emplear, en
primer lugar, a la población de Pasajes y de los pueblos adyacentes antes que a ningún
otro».Ante las dificultades económicas
surgidas durante la primera andadura, Baignol decidió formar una sociedad en 1858 con
Modesto Lusonáriz, Pedro Bolla y Faustino Echevarría. Veinte años después, y tras
diversas vicisitudes, se disuelve la sociedad y se sacan a subasta pública todos sus
bienes, que van a parar a manos de Eustaqui Irureta. En 1880 se vendieron todas las
existencias de porcelana e instrumentos a Ramón Llanos y Pedro Fussade, quienes, a su
vez, forman una compañía. Sin embargo, la nueva asociación no logró mantener el mismo
ritmo de producción, a pesar de sacar al mercado productos de excelente calidad. En 1895
los descendientes de Étienne Baignol, de Limoges, pidieron al Ayuntamiento de Pasajes el
arriendo de los terrenos de la Fábrica, iniciándose una fuerta pugna entre la sociedad
francesa y la guipuzcoana. Finalmente, en 1896, los representantes de Limoges se retiraron
del contencioso, y este mismo año el Ayuntamiento concedió a Manuel Cámara el arriendo
de la Fábrica, iniciándose a partir de entonces lo que sería su última etapa. En 1911
las instalaciones de Pasajes se dedicaron a la producción de aisladores para
instalaciones eléctricas y ladrillos refractarios; con este tipo de producción se pone
fin, definitivamente, a la producción de porcelana y loza.
Los creadores de las porcelanas de Pasajes
buscaron la inspiración en la producción francesa de Limoges: piezas constituidas por un
gran espesor, fondos muy blancos, buenos dorados y decoraciones a todo color. Pasajes
contó con un taller exclusivo de doradores, entre los que destacó el francés Edmon
Corbin. Muchas de las piezas se reconocen por sus inscripciones, como, por ejemplo, las
comprendidas entre los números 251 y 252 de este Catálogo, destinadas a la Reina
Regente, en las que aparece el nombre de la Fábrica, el año de producción y la
identidad de la persona agasajada con las piezas. En numerosas ocasiones, estas piezas
sirven de modelo para datar y clasificar otros objetos procedentes de los hornos de
Pasajes. Conviene recordar que Pasajes nunca marcó las piezas y que éstas se distinguen
por las referencias directas a la Fábrica, o por el empleo de unas rayas o trazos, usados
también por Limoges. Otros distintivos para reconocer las porcelanas de Pasajes son el
grueso dorado de los primeros tiempos que las hace inconfundibles y los
gruesos tonos rojizos de la época de Fussade. Se fabricaron, fundamentalmente, piezas de
vajilla, jarrones y jofainas. |