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Castilla-La Mancha es una comunidad autónoma que se distingue por la espléndida variedad de sus espacios: sobre el territorio, a lo largo de los siglos se ha ido forjando una armónica conjunción de naturaleza y hombre que ha definido el aspecto actual y los nombres que la recorren y la caracterizan y que se analizan en la serie de artículos «Castilla-La Mancha y sus topónimos I, II, III, IV, V y VI», pertenecientes a la sección Rinconete.


Entre las diferentes comarcas que se integran en la región, La Mancha ocupa un lugar destacado por sus tradiciones, su paisaje peculiar y su extensión, a caballo de cuatro provincias: Toledo, Cuenca, Albacete y Ciudad Real. Las amplias llanuras, de cultivos diversos (cereales y vid, entre otros), dotan a este espacio de una fisonomía muy característica, en la que los horizontes se diluyen, a veces contrastados por cerros y en ocasiones también por la inconfundible silueta de los molinos harineros de viento, testigos de otras épocas. En la provincia de Ciudad Real, en Tomelloso, nació el pintor realista Antonio López García (1936). Toledo, cuna del poeta Garcilaso de la Vega (1501-1536), es un magnífico exponente de la obra humana, de la convivencia de culturas a través de la historia: en esta ciudad el Greco (1540-1614), pintor llegado de la lejana Creta y toledano de adopción, dejó imperecedero testimonio de sus perspectivas y de sus habitantes.

Miguel de Cervantes otorgó renombre mundial a La Mancha, al considerarla la patria chica del ingenioso hidalgo don Quijote. En la inmensidad de las llanuras manchegas brotan, como hemos dicho, los molinos, esos gigantes a los que don Quijote quiso dar su merecido:

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
—La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
—¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza.
—Aquellos que allí ves —respondió su amo—, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
—Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
—Bien parece —respondió don Quijote— que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

[Don Quijote de La Mancha, Primera Parte, Capítulo VIII.]

En tierras de Cuenca confluyen varias comarcas naturales y humanas que caracterizan también a otras provincias de Castilla-La Mancha: La Alcarria, La Serranía, La Mancha... Al norte y noroeste, la Serranía de Cuenca se desborda en una profusión de valles, en los que la naturaleza caliza de la roca predominante y la acción erosiva combinada del viento y el agua han dado origen a peculiares formas de relieve, como las esculturas naturales de la Ciudad Encantada o las hoces. En Las Hoces, los ríos escarban valles estrechos y profundos en la roca y alimentan una vegetación abundante. En la capital, Cuenca, existen dos magníficos ejemplos de hoces que rodean la ciudad, las de los ríos Júcar y Huécar.

Ya en el sur y el suroeste de la provincia el paisaje conquense se allana progresivamente, hasta hacerse manchego. Es el ámbito de la Mancha Alta. Aquí, en la localidad de Belmonte, nació Fray Luis de León (1527-1591), quien desde su labor docente en la Universidad de Salamanca desgranó algunos de los momentos poéticos más elevados de nuestra lengua. Fragmentos de su oda Vida retirada pueden servir muy bien para ilustrar muchas de las visiones de Cuenca:

[...]

Vivir quiero conmigo;
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado, tengo un huerto,
que con la primavera,
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza el fruto cierto;

y, como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura;

y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo, de pasada,
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.

El aire el huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso rüido,
que del oro y del cetro pone olvido.

[...]

[«Vida retirada», en Poesías completas
de Fray Luis de León, Editorial Castalia.]

En la provincia de Guadalajara se pueden disfrutar sus bellos paisajes, matizados y renovados cada estación del año con esas diferentes vestiduras que le conceden una atractiva variedad: las luces, los colores, la vegetación, la nieve, la bruma... De entre las cuatro comarcas de Guadalajara, cada una con sus peculiares características (La Alcarria, en el centro y suroeste; La Serranía, en el noroeste montañoso y encajada en el Sistema Central; el Señorío de Molina, en el este; y La Campiña, junto al río Henares), destaca La Alcarria como ámbito más definido por el territorio y sus gentes. En las llanuras alcarreñas, que se encuentran en torno a los 1000 metros de altitud, resaltan cerros de acusado carácter —como las célebres Tetas de Viana— y numerosos valles en los que los ríos Henares, Tajo y Tajuña son los principales artífices de sus refrescantes arboledas. Camilo José Cela (1916-2002) recorrió esta comarca en junio de 1946. Las impresiones que obtuvo durante su caminar quedaron inmortalizadas en su famoso Viaje a la Alcarria, en cuya dedicatoria previa el premio Nobel y premio Cervantes escribió de sus pobladores:

La gente me pareció buena; hablan un castellano magnífico y con buen acento y, aunque no sabían mucho a lo que iba, me trataron bien y me dieron de comer, a veces con escasez, pero siempre con cariño.

 

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