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Castilla-La Mancha es una comunidad autónoma que se distingue por la espléndida variedad de sus espacios: sobre el territorio, a lo largo de los siglos se ha ido forjando una armónica conjunción de naturaleza y hombre que ha definido el aspecto actual y los nombres que la recorren y la caracterizan y que se analizan en la serie de artículos «Castilla-La Mancha y sus topónimos I, II, III, IV, V y VI», pertenecientes a la sección Rinconete. | ||
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Miguel de Cervantes otorgó renombre mundial a La Mancha, al considerarla la patria chica del ingenioso hidalgo don Quijote. En la inmensidad de las llanuras manchegas brotan, como hemos dicho, los molinos, esos gigantes a los que don Quijote quiso dar su merecido:
En tierras de Cuenca confluyen varias comarcas naturales y humanas que caracterizan también a otras provincias de Castilla-La Mancha: La Alcarria, La Serranía, La Mancha... Al norte y noroeste, la Serranía de Cuenca se desborda en una profusión de valles, en los que la naturaleza caliza de la roca predominante y la acción erosiva combinada del viento y el agua han dado origen a peculiares formas de relieve, como las esculturas naturales de la Ciudad Encantada o las hoces. En Las Hoces, los ríos escarban valles estrechos y profundos en la roca y alimentan una vegetación abundante. En la capital, Cuenca, existen dos magníficos ejemplos de hoces que rodean la ciudad, las de los ríos Júcar y Huécar. Ya en el sur y el suroeste de la provincia el paisaje conquense se allana progresivamente, hasta hacerse manchego. Es el ámbito de la Mancha Alta. Aquí, en la localidad de Belmonte, nació Fray Luis de León (1527-1591), quien desde su labor docente en la Universidad de Salamanca desgranó algunos de los momentos poéticos más elevados de nuestra lengua. Fragmentos de su oda Vida retirada pueden servir muy bien para ilustrar muchas de las visiones de Cuenca:
En la provincia de Guadalajara se pueden disfrutar sus bellos paisajes, matizados y renovados cada estación del año con esas diferentes vestiduras que le conceden una atractiva variedad: las luces, los colores, la vegetación, la nieve, la bruma... De entre las cuatro comarcas de Guadalajara, cada una con sus peculiares características (La Alcarria, en el centro y suroeste; La Serranía, en el noroeste montañoso y encajada en el Sistema Central; el Señorío de Molina, en el este; y La Campiña, junto al río Henares), destaca La Alcarria como ámbito más definido por el territorio y sus gentes. En las llanuras alcarreñas, que se encuentran en torno a los 1000 metros de altitud, resaltan cerros de acusado carácter —como las célebres Tetas de Viana— y numerosos valles en los que los ríos Henares, Tajo y Tajuña son los principales artífices de sus refrescantes arboledas. Camilo José Cela (1916-2002) recorrió esta comarca en junio de 1946. Las impresiones que obtuvo durante su caminar quedaron inmortalizadas en su famoso Viaje a la Alcarria, en cuya dedicatoria previa el premio Nobel y premio Cervantes escribió de sus pobladores:
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