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Castilla y León es la comunidad autónoma de mayor extensión de España y esa circunstancia contribuye a que su territorio roce paisajes muy diversos y eso, unido a su larga historia, ha enriquecido su toponimia. (Véase la serie «Castilla y León y sus topónimos I, II, III, IV, V y VI» perteneciente a la sección Rinconete.). | ||
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A la naturaleza se suma en Castilla y León la presencia silenciosa de innumerables hitos históricos: desde el remoto pasado redescubierto recientemente en la burgalesa sierra de Atapuerca, a los múltiples castillos que dieron nombre a la región y a las ciudades y villas de honda memoria. En este caso, el arte en piedra ocupa un lugar muy destacado: el Camino de Santiago atraviesa buena parte de este norte castellano. En la siempre interesante provincia de Segovia se agrupan paisajes de variado aspecto que resumen la fisonomía de Castilla: la sierra, la llanura, los campos cultivados, los pinares, las extensiones secas y las riberas arboladas de los ríos. El Real Sitio de la Granja de San Ildefonso se encuentra a unos 10 kilómetros al sureste de la capital, Segovia. Felipe V ordenó construir aquí un palacio a partir de 1721. Los jardines los diseñó el arquitecto francés Carlier, con ayuda del jardinero Boutelou. Además de sus ornamentos vegetales y escultóricos, quizá lo más destacable de los jardines sean sus veintiséis fuentes (Los Vientos, La Fama, La Carrera de Caballos...); ocho de ellas disponen de juegos de agua. Durante el Imperio Romano se construyó el famoso acueducto, símbolo de la ciudad de Segovia. Pero Segovia no es sólo acueducto: de la Edad Media permanecen las murallas y las iglesias románicas. También el Alcázar, residencia real de los Trastámara en el siglo XV, cuyo tejado ordenó empizarrar Felipe II en el XVI. Como ejemplo del último gótico español, hay que citar la catedral. Se comenzó su construcción en 1525, según planos de Juan Gil de Hontañón, y se concluyó a fines del siglo XVII. La provincia castellano-leonesa de Ávila, en la que nacieron los poetas místicos Santa Teresa de Jesús (1515-1582) y San Juan de la Cruz (1542-1591) y el escritor José Jiménez Lozano (1930), no deja de sorprender por su serena belleza y armonía. A orillas del río Adaja está situada la capital, Ávila, que atesora uno de los mejores cinturones de murallas medievales europeas, del siglo XI, e interesantes edificaciones románicas de carácter diverso. Por otra parte, Ávila es la capital de provincia española situada a mayor altitud sobre el nivel del mar (más de 1130 metros). La altitud de Ávila, unida a la notable influencia de la cercana Sierra de Gredos, explica la rigurosidad de su clima invernal y también el curioso modelado de los afloramientos de roca granítica, los berrocales, que salpican la llanura del centro y norte de la provincia. La Sierra de Gredos eleva el sur de Ávila y se engloba en el Sistema Central, que recorre el centro de la península ibérica con dirección noreste-suroeste. La riqueza en muestras de modelado glaciar y en enclaves de gran interés faunístico convierten estas montañas en un valor natural de primer orden. La diferencia entre la umbría vertiente norteña y la solana meridional se refleja sobre todo en la cubierta de vegetación: al sur, el clima más suave tolera el arbolado y el cultivo de frutales (como en el valle del río Tiétar). En el recorrido que plantea el Centro Virtual Cervantes por las provincias de León, Zamora y Salamanca, se pueden visitar desde las serenas campiñas de las comarcas de Babia y el Bierzo hasta las colinas brutalmente erosionadas que, en Las Médulas, modeló la minería del oro en la época romana. La naturaleza se combina con la grandiosidad monumental de estas provincias, resaltada en el León que recorre el Camino de Santiago y en la expresividad medieval de Zamora. Por su parte, a su riqueza paisajística, Salamanca une también la presencia de su antigua y famosa Universidad, que alojó en sus aulas las enseñanzas de grandes nombres de la literatura tales como el conquense Fray Luis de León (1527-1591) o el vizcaíno Miguel de Unamuno (1864-1931), y que fue escenario de innumerables fragmentos de la literatura:
Al contemplar las imágenes de estas tierras es difícil no pensar en las obras literarias y en los autores a los que sirvieron de inspiración. Rodrigo Díaz de Vivar recorrió muchos de estos lugares, como atestigua el Cantar de Mío Cid. Siglos después, el poeta Antonio Machado maduró, también aquí, su inmortal poemario Campos de Castilla. Y aquí capturó como pocos en sus libros el aire de la tierra y sus pobladores Miguel Delibes (Valladolid, 1920).
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