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El territorio de esta región encuentra su espina dorsal en las cumbres de la Cordillera Cantábrica, que la articula de este a oeste y que define no solo el paisaje, sino también el modo de vivir de sus gentes. En los pueblos escondidos del interior se encuentran peculiares tradiciones montañesas, como las del Valle del Pas, junto a interesantes muestras de arte románico (la Colegiata de Santillana del Mar, por ejemplo, o el monasterio de Santo Toribio, en el valle de La Liébana, también gótico y barroco). |
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La bella ciudad de Santander, los pequeños puertos de pescadores a orillas del mar Cantábrico y los cuidados prados completan el rico paisaje de esta comunidad (cuya toponimia, por otra parte, se explica en el Rinconete, «Cantabria y sus topónimos I y II») que en 1952 Camilo José Cela (1916-2002) nos describió así:
Castilla, por Santander,*
no parece Castilla. Castilla, por Santander, tampoco se parece a
Galicia, o a Asturias, o al País Vasco. Castilla, por Santander, se
parece a Holanda y, a veces, a Suiza. La verde y civilizada tierra
de Santander, para algunos, es el balcón por el que Castilla se
asoma al mar Cantábrico, que es un mar que está unido con todos los
mares. Para otros, Santander no es Castilla sino un mundo propio y
cerrado en sí mismo que se diferencia de Castilla, de la árida
Castilla de los geógrafos y de los caminantes, en todo menos en el
idioma: en el clima y en la agricultura, en la raza y en las
agrupaciones de población, en las costumbres, en la ganadería y
hasta en el sentimiento de la vida.
[Del Miño al Bidasoa]
NOTA
* Antes de constituir por sí sola la Comunidad Autónoma de Cantabria con la nueva configuración territorial de España surgida de la Constitución de 1978, la provincia de Santander formó parte de la región de Castilla la Vieja.
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