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Lecturas del siglo XX InicioEnviar comentarios

Sobre los autores








Les ofrecemos a continuación una sucinta información sobre los autores de las obras seleccionadas en el concurso Lecturas del siglo XX. Si así lo desean, también pueden obtener algunos datos sobre las obras finalistas, así como los primeros párrafos de cada una de ellas.

Rafael Alberti
Miguel Ángel Asturias
Jorge Luis Borges
Alejo Carpertier
Camilo José Cela
Julio Cortázar
Rómulo Gallegos
Federico García Lorca
Gabriel García Márquez
Juan Ramón Jiménez
José Lezama Lima
Antonio Machado
Luis Martín-Santos
Pablo Neruda
Juan Rulfo
Ernesto Sábato
Rafael Sánchez Ferlosio
Miguel de Unamuno
Ramón María del Valle-Inclán
Mario Vargas Llosa

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Rafael Alberti (Puerto de Santa María, Cádiz, 1902)

Recibió en 1925 el Premio Nacional de Literatura por Marinero en Tierra. El poeta se adhirió al partido comunista y puso al servicio de la República su actividad literaria. Tras la guerra, se exilió en Argentina, donde vivió hasta 1962. Su obra poética pasa por distintos momentos, desde el neopopularismo, el neogongoriano y el surrealismo, hasta la poesía política y el estallido de la nostalgia. En la distancia, Alberti vuelve a la tradición sin abandonar el compromiso político, consolidando así un universo coherente de signo vitalista, en torno a la idea del paraíso soñado, con la insistente presencia de los motivos del mar.


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Miguel Ángel Asturias
(Ciudad de Guatemala, 1899 – Madrid, 1974)

Es, junto con Alejo Carpentier, uno de los escritores más influidos por el surrealismo y el que funda el realismo mágico, que culmina felizmente en la obra de García Márquez. Como los modernistas hispanoamericanos, fue a París persiguiendo la modernidad, pero al llegar allí, la realidad americana se le reveló como un mundo inédito marcado por el pensamiento mágico, que fluía aún con fuerza y vitalidad en las tradiciones de su pueblo. Comprometido con la realidad social, se propuso en obras como El señor presidente, conjurar la figura del dictador, relacionándolo con los mitos ancestrales.


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Jorge Luis
Borges (Buenos Aires, 1899 – Ginebra, Suiza, 1986)

Es sin duda uno de los escritores más desconcertantes de la literatura en lengua española. Para él la tarea del escritor, que es esencialmente falsificadora, desdibuja toda pretensión de originalidad y de creación. Enemigo del realismo, concibe la literatura como invención, como juego de equívocos. Su diálogo con las diferentes culturas lo convierte en el más universal de los escritores. Pero en los comienzos de su carrera manifestó cierto nacionalismo que lo llevó a proclamar la independencia idiomática de Argentina. Así cultiva una prosa de ficción en la que la literatura se presenta como la infinita lectura de otros textos que remiten a un original perdido o tachado, llevando al lector a un abismo donde sólo hay senderos que se bifurcan y adquieren el aspecto de un laberinto.


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Alejo Carpentier (La Habana, 1904 – París, 1980)

De padre francés y madre rusa, formó parte, entre 1923 y 1924, del Grupo Minorista, que abogaba por una renovación de los valores nacionales en Cuba. Más tarde se incorporó a las movilizaciones políticas contra el dictador Machado y contra el imperialismo norteamericano. En la cárcel escribió su primera novela, Ecue-Yamba-O, publicada en España en 1933. Se exilió en Francia en 1928, donde permaneció hasta 1939. Fue uno de los pocos hispanoamericanos que formó parte del movimiento surrealista. Desde sus planteamientos formuló la teoría de lo real maravilloso, diferenciándose del concepto de lo maravilloso surrealista, que encontraba artificial. Para él, la esencia de la naturaleza americana es maravillosa, sus gentes, su paisaje y su historia. En Los pasos perdidos (1953) narra una aventura geográfica y espiritual en las selvas del Orinoco, que es también una crónica de viaje al pasado en busca de las raíces del mundo americano.


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Camilo José Cela (Iria Flavia, La Coruña, 1916)

Premio Nobel de Literatura en 1989, pasó su infancia y adolescencia en Galicia. En el Madrid de la preguerra frecuentó a Pedro Salinas y al círculo de María Zambrano. Inició su carrera literaria como poeta, publicando en 1935 algunos versos en El Argentino de La Plata. En 1945 apareció Pisando la dudosa luz del día, donde identifica la literatura y la poesía con esa combinación de tradición y modernidad que llevaba a cabo el grupo poético del 27. Desde 1942, cuando publicó La familia de Pascual Duarte, ha cultivado la novela dentro de un lirismo formal, debido a la fragmentación, a la poetización del mundo narrado y a la tensión lograda a lo largo de la anécdota.


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Julio Cortázar (Bruselas, 1914 – París, 1984)

Se inicia en el conocimiento de la poesía francesa en Buenos Aires, bajo el magisterio de sus profesores de la Escuela Normal. En la década de los cincuenta viaja a París, donde trabaja como traductor para la Unesco. Su prestigio como escritor se afianza con la publicación de los cuentos de Bestiario (1951), donde se pone en evidencia su visión del mundo y de la creación literaria. Enormemente influido por el surrealismo, Cortázar cuestiona en sus escritos categorías literarias, conceptos como género y estilo, etc., utilizando la técnica de desmontaje. Dentro de la línea fantástica, al lado de la de Borges y de la de Bioy Casares, su obra se mueve siempre en dos planos, lo real y lo surreal.


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Rómulo Gallegos (Caracas, 1884 – 1969)

Es un destacado innovador de la narrativa hispanoamericana. Con la publicación de Doña Bárbara, en 1929, la literatura hispanoamericana vuelve a alcanzar la resonancia que tuvo durante el movimiento modernista. Comprometido con la realidad política y social de su país, Gallegos recrea el tema de civilización y barbarie en una serie de novelas donde la naturaleza y el paisaje se convierten en protagonistas. El éxito de Doña Bárbara lo llevó a participar activamente en la política de su país. Para Gallegos la selva es símbolo de la naturaleza bárbara que arrastra al hombre civilizado. Inscrita dentro de la corriente «mundonovista», su obra refleja lo auténticamente americano, más allá de las diferencias regionales.


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Federico García Lorca
(Fuente Vaqueros, Granada, 1898 – Víznar, Granada, 1936)

Es considerado el poeta español más grande del siglo. Antes de su muerte, su fama se había extendido por todo el mundo hispánico, pero su asesinato lo consagró, como víctima del fascismo, y esto influyó en la difusión de su obra. Hijo de una familia acomodada, Lorca vivió entre 1919 y 1928 en la Residencia de Estudiantes. Entre 1929-30 viajó a Nueva York y Cuba, y entre 1933-34 a Uruguay y a Argentina. Su republicanismo y tendencias de izquierda lo convirtieron en una víctima fatal al estallar la guerra. Su obra, comprometida con la tradición, recoge motivos y temas de las religiones naturalistas, a la vez que desarrolla la relación entre la sangre, la muerte y la fecundidad, la fascinación ritual por símbolos como el cuchillo, la luna y el toro, entre otros.


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Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1928)

Premio Nobel de Literatura en 1983 y una de las figuras claves del «boom», inició su carrera literaria en Bogotá, publicando crónicas de cine y cuentos durante el periodo de la violencia, uno de los más críticos de la historia de su país. Por eso no es gratuito que en su obra se respire la atmósfera de terror y de intolerancia que se vivía por aquellos años. Dentro de la estética del realismo mágico, García Márquez ha ordenado magistralmente elementos de distintas tradiciones en esa aldea universal llamada Macondo, donde el tiempo es cíclico y los personajes incorporan espontáneamente la magia a lo cotidiano.


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Juan Ramón Jiménez
(Moguer, Huelva, 1881 – San Juan de Puerto Rico, 1958)

Es, entre los modernistas, uno de los que mayor influencia ha tenido en la poesía en lengua española. Su poesía explora el misterio, las sombras, la dualidad del ser, desde el intimismo de muchos de su generación. Con Animal de fondo (1949) alcanza la plenitud. Así lleva hasta el virtuosismo el arte de narrar y de describir, en ese relato inolvidable que es Platero y yo, y por el que se le conoce en todo el mundo hispánico. Juan Ramón Jiménez se adelanta a su época en sus planteamientos estéticos, en su intención de dar vida a la poesía en el enunciado. Su escritura es asombrosamente depurada y de una insólita belleza, resultado de la síntesis y de la condensación de una serie de elementos como la sorpresa, el ritmo, la revelación y la luz.


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José Lezama Lima (La Habana, 1910 – 1976)

Es uno de los escritores de mayor significación en la literatura hispanoamericana del presente siglo. Con un estilo muy personal, que hizo de la poesía el centro de sus preocupaciones, Lezama trata de plasmar en toda su obra el mundo circundante de la poesía que él designa como «realidad hechizada». Con su primera obra, La muerte de Narciso (1937) se abre un ciclo poético que lo conduce a la prosa y que culmina en Paradiso, publicada en 1966. Como sugiere Carmen Ruiz Barrionuevo, en Lezama Lima la poesía nace de la conjunción de las palabras y sus enlaces y conexiones insólitas, de las que brota lo poético.


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Antonio Machado
(Sevilla, 1875 – Colliure, Francia, 1939)

Es una de las figuras máximas del modernismo hispánico. Con la publicación de Soledades, en 1903, consolida una poética de tono suavemente melancólico, deliberadamente velado y sombrío con los temas propios de su tiempo: jardines abandonados, casas desoladas, fuentes, atardeceres tristes, donde se percibe el fluir del tiempo, como si cada poema suyo aspirara a atrapar un instante. Y es que Machado aspiraba a captar el misterio de las cosas, a través del recuerdo o la ensoñación. En sus versos trasciende su mundo íntimo, pero ese intimismo jamás desaparece. Bajo los nombres de Juan de Mairena y Abel Martín, Machado explora también su yo filosófico, convirtiéndose en uno de los más originales prosistas del siglo.


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Luis Martín-Santos
(Larache, Marruecos, 1924 – Vitoria, España, 1964)

Médico cirujano, especializado en psiquiatría, novelista, desde 1929 residió en San Sebastián, España. Se licenció en Medicina y Cirugía por la Universidad de Salamanca en 1946, obtuvo el doctorado al año siguiente en la Universidad de Madrid y se especializó en psiquiatría. Fue colaborador e investigador en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), trabajó en el Hospital General de Madrid, en el Manicomio de Ciudad Real y dirigió el Sanatorio Psiquiátrico de San Sebastián, desde 1951.
Publicó el libro titulado Grana gris, el ensayo Dilthey, Jaspers y la comprensión del enfermo mental (1955). En 1961, en Barcelona, se publicó Tiempo de silencio, que se convirtió en un éxito novelesco, con sus numerosas ediciones. Ha sido traducido a varias lenguas y fue llevado al cine por el director español Vicente Aranda. Como obras póstumas se reunieron textos suyos en el libro misceláneo Apólogos (1970) y una novela inacabada bajo el título Tiempo de destrucción.


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Pablo Neruda
(Parral, Chile, 1904 – Santiago de Chile, 1973)

Premio Nobel de Literatura en 1971, es el que más influencia ha tenido en la poesía de lengua española desde mediados de la década de los 30. Su fama es comparable a la de Rubén Darío. Compañero de los poetas de la generación del 27 en España, Neruda hace una defensa de la poesía despojada del esteticismo formal de los modernistas. Su mirada se orienta hacia los temas cotidianos y prosaicos en una primera etapa de su producción. De este tiempo son los Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Pero en una segunda etapa sale del hermetismo y del individualismo de sus versos para instalarse en una poética del compromiso social y en una épica política que coincide con su vinculación al Frente Popular.


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Juan Rulfo
(Apulco, Jalisco, 1918 – México, D.F., 1986)
 
No fue un escritor prolífico, pero sus cuentos de El llano en llamas (1953) y su novela, Pedro Páramo (1955) lo han convertido en un clásico de la literatura en lengua castellana. En estos dos géneros es difícil superar a Rulfo, tanto en la sobriedad de sus diálogos como en la intensidad y la fuerza de sus frases, íntimamente arraigadas en el habla de los campesinos de Jalisco. Uno de los acontecimientos políticos que marca su infancia y trasciende su obra es la revolución cristera (1926-1928), resultado de la reacción de los rebeldes católicos contra el anticlericalismo de la revolución mexicana. El clima de sus cuentos está impregnado de esa desolación de los campos arrasados, de los pueblos abandonados, de las gentes humildes sin la esperanza de cambio.


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Ernesto Sábato (Buenos Aires, 1911)

Décimo de once hijos de emigrados italianos en Argentina, cursó estudios superiores de Física en la Universidad de la Plata. En 1945 publicó su primera obra, Uno y el Universo, colección de breves ensayos. Ese mismo año abandonó su primera vocación científica, para dedicarse por completo a la literatura. En los años cincuenta atravesó una crisis, producto de las contradicciones entre el mundo claro y luminoso de las matemáticas y el atormentado y complejo mundo de la literatura.


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Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927)

Es uno de los escritores «del mediosiglo» de mayor incidencia en la literatura española de la Península. Enormemente influido por el cine, su obra está marcada por el neorrealismo italiano, especialmente en novelas como Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951), donde la poesía y la fantasía remiten también a la picaresca y a la precisión de un Ramón Gómez de la Serna. Pero donde verdaderamente se aprecia el papel renovador de este escritor es en El Jarama (1955), novela con la que obtuvo el Premio Nadal. Destaca en este libro tanto la objetividad como el lirismo de las descripciones.


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Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864 – Salamanca, 1936)

Filósofo, poeta y narrador, es la figura más representativa de la España de su tiempo. Encarnó el espíritu rebelde, inconformista y heterodoxo del modernismo. Su vida fue una sucesión de crisis, determinadas en gran medida por el espíritu de contradicción. Dividido entre la voluntad de creer y la imposibilidad de conciliar razón y fe, encarna las preocupaciones de una época que vivió de forma traumática el proceso de secularización de la sociedad. Paz en la guerra, 1897, es una novela lírica (que se nutre de los recuerdos de su infancia y adolescencia entre las guerras carlistas) donde abundan las descripciones de espacios interiores y abiertos. Pero es Niebla, 1914, la que más interés ha despertado entre los críticos, por sus complejos planteamientos sobre el arte de la novela. Esta circunstancia la avala, como una de las más importantes de la narrativa de finales del siglo XIX y principios del XX.


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Ramón María del Valle-Inclán
(Villanueva de Arosa, Pontevedra, 1866 – Santiago de Compostela, La Coruña, 1936)

Es uno de los más notables representantes del modernismo. En su obra se aprecia la influencia de México, país donde la belleza tomaba formas diferentes a las de la Península. El aristocratismo y la heterodoxia que lo caracterizaron se plasman en una escritura artística en la que despliega una capacidad de penetración de la realidad distorsionada y próxima al expresionismo. Ingenioso y agudo, fue el animador de las tertulias donde también sorprendió por su talento. Antes que someterse a un sistema, prefirió la bohemia. Así, en su Luces de bohemia nos habla de la situación del artista en la sociedad burguesa, de su marginación y su tragedia.


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Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936)

Uno de los escritores más destacados del «boom», trasciende con el modelo de representación naturalista, introduciendo en sus novelas las modernas técnicas, como la corriente de la conciencia y las rupturas de tiempo y espacio. El referente de sus obras es, por lo general, la realidad peruana con sus conflictos y enfrentamientos entre la sierra y la costa. Conversación en la catedral (1969), su novela más experimental, es de un gran virtuosismo formal, tanto por las técnicas que utiliza, como por la representación dramática de la realidad objetiva. Con esta obra completa el primer ciclo de su narrativa, para pasar luego a una segunda etapa donde reflexiona sobre el arte narrativo, como ocurre en Pantaleón y las visitadoras (1973) y El hablador (1987), donde abandona la objetividad inicial y se convierte en un actor que participa de su propia ficción, criticándola, al tiempo que la produce.

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