|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|||
|
Allá por los años treinta del pasado siglo, se organizó una sabrosa polémica desde la revista que orientaba Pablo Neruda, Caballo verde para la poesía, tiro por elevación contra Juan Ramón Jiménez y su neorromanticismo. El eje de la discusión fue la pureza de la poesía. Desde luego, también su necesaria impureza. En rigor, ambos contendientes leían de manera sesgada la fórmula de Paul Valéry: poesía pura o poesía en bruto. Valéry, siguiendo a su maestro Mallarmé, vio en la poesía pura un dispositivo para inventar poemas, que no eran transmisores de sentimientos o ideas previos, sino que los producían al hacerse. Por eso, la emoción poética es pura, porque no sustituye a otras emociones: amor, odio, temor, placer, dolor, etc. Para Juan Ramón, la pureza de la poesía se vinculaba con los elementos que se suponen poéticos en sí mismos y que aseguran que un texto sea igualmente poético: la luz pura, el cielo despejado, la nieve limpia de huellas, el agua clara, el amor eterno, la rosa recién abierta. Neruda, en cambio, proponía que el poeta buscara lo bello en la impureza de la vida, donde todo es concreto y está mezclado: el cuerpo y sus humores buenos y malos, en primer lugar. Hambre, deseo, muerte, miseria, agonía, enfermedad, podían ser temas tan poéticos como los selectos de Juan Ramón. ¿Es la poesía poética por el contenido o por la forma? La impureza dice que el contenido condiciona a la forma. La pureza, que contenido y forma son inseparables. ¿Dónde vio Neruda un caballo verde, fuera de uno de sus poemas? *
Narrador y ensayista, director de Cuadernos Hispanoamericanos. |
|||
| |
|||
|
| Portada del CVC | Centro
Virtual Cervantes |
|||