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Pablo Neruda

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  Por Alonso Aristizábal*

La inmensidad de Pablo Neruda se da por hechos como la riqueza de facetas que hay en su vida y su obra. Es primero el poeta del amor. Casi un siglo después nos seguimos enamorando con sus poemas. También, Canto general, uno sus más importantes textos. Allí se encuentra el intelectual y activista político como se recuerdan pocos. Al respecto, afirmó que la poesía es la voz de los que no tienen voz. Y en este sentido marca una época en nuestra literatura comprometida con nuestro continente tras la búsqueda de los grandes cambios sociales que se piden desde hace varias generaciones. Quien haya leído, por ejemplo, «Alturas de Machu Picchu» no puede olvidarlo. Su grandeza también se da en el desarrollo de la metáfora que adquiere en su obra nuevas dimensiones. Así, se puede apreciar el genio de este creador que escribía y no tenía necesidad de corregir, según confesó con frecuencia. Todos estos elementos se encuentran en el Neruda humano que también se hace inolvidable. José Luis Diaz-Granados afirma en su libro El otro Pablo Neruda lo que piensa García Márquez de Neruda: ... «es un verraco; puede tomar una estadística o la suela de un zapato y convertirla en el más hermoso poema...  es el rey Midas de la poesía: todo lo que toca lo convierte en oro».  En Doce cuentos peregrinos, en el cuento «Me alquilo para soñar», un texto más a manera de alegoría de la creación literaria, el creador de Macondo le hace un homenaje, como no ha sucedido en su obra con ningún otro escritor, a través las palabras siguientes: «No he conocido a nadie más parecido a la idea que uno tiene de un papa renacentista: glotón y refinado. Aun contra su voluntad, siempre era él quien presidía la mesa. Matilde, su esposa, le ponía un babero que parecía más de peluquería que de comedor, pero era la única manera de impedir que se bañara en salsas. Aquel día en Carvalleiras fue ejemplar. Se comió tres langostas enteras descuartizadas con una maestría de cirujano, y al mismo tiempo devoraba con la vista los platos de todos, e iba picando un poco de cada uno, con un deleite que contagiaba las ganas de comer: las almejas de Galicia, los percebes del Cantábrico, las cigalas de Alicante, las espardenyas de la Costa Brava. Mientras tanto, como los franceses, solo hablaba de otras exquisiteces de cocina y en especial de los mariscos prehistóricos de Chile que llevaba en el corazón.»

Otra faceta desconocida es el orador político que fue Neruda y que se encuentra en Yo acuso (2002), publicado en Colombia por la editorial Oveja Negra de Bogotá. Este libro constituye un documento de trascendencia para formarse la imagen completa de este gran poeta. Aquí se encuentra su ideario de hombre de acción. Corresponde a una compilación de Leonidas Aguirre Silva, tomada directamente de las cintas magnetofónicas de las sesiones del Congreso chileno. Entre 1945 y 1950, otro de los períodos difíciles de Latinoamérica por ser los primeros años de la guerra fría en medio de dictaduras anticomunistas, el autor cumplió esta misión consciente de su papel y lo expresó así: «Yo represento como escritor, una actividad que pocas veces llega a influir en las decisiones legislativas». Sin embargo insistía en levantar la dignidad de la patria para dar cada día mejores condiciones a su pueblo. De igual manera sus discursos hacen parte de la expresión espontánea de quien se sentía vinculado a las causas sociales y políticas. A fin de mostrar el contenido, mencionamos algunos títulos: «Soy un escritor elegido senador por los obreros», «Homenaje a Gabriela Mistral», «Derechos políticos de la mujer», «Condiciones de trabajo de los obreros del salitre», «Conflicto obrero en la zona del carbón».

* Narrador y crítico literario.

 

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