|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|||||
En efecto, como lo dejó anunciado el mismo Maqroll en el poema «Hastío de los peces» de Los elementos del desastre (1953), en su saga debe importarnos poco desde dónde empezar nuevamente la historia porque sus poemas y novelas son las teselas de un mosaico, tejidas y entreveradas de tal modo que se pueden leer en cualquier orden sin que este pierda su rigor y precisión; por eso aquel barco de sucio aspecto y con huellas de hermosísimas mujeres de sus primeros poemas aparece nuevamente en este relato, pero no fondeado en un «escondido y mísero puerto del Caribe», sino deslizándose con «la serena e imponente dignidad de los grandes vencidos» para trazar de las heladas aguas del Báltico a las ardientes arenas del Caribe la desgarrada historia de amor de una pareja que arrastra sus dichas y naufragios de extremo a extremo del planeta. Pero antes que el amor entre la hermosa y sensual joven libanesa Warda y el seco capitán vasco Jon Iturri o que las disparatadas empresas de Maqroll el Gaviero y de su amigo Abdul Bashur, que en esta ocasión ocupan un discreto segundo plano apareciendo apenas como comparsas de la historia principal, el verdadero protagonista de este relato es el Alción, ese maltrecho y baqueteado Tramp Steamer que se arrastra por los mares «con lentitud de saurio mal herido», y que, como la vida misma, se va deshaciendo a cada paso sin saber que su precaria existencia y su errático navegar por los mares sustenta la felicidad de los amantes que lo habitan. El Alción, con sus costados llenos de pringosas huellas de óxido y la irreparable decadencia de sus máquinas, es mucho más que un barco; es la personificación de la desesperanza que anida en el corazón del capitán Jon Iturri y que lo lleva a permanecer aferrado con ibérico estoicismo al precario destino de sus navegaciones, a sabiendas de que todo está perdido de antemano y que nada podrá salvar a su barco del naufragio final y de la muerte. La novela es, nuevamente, una caja china, una narración dentro de la narración en la que el capitán Jon Iturri, a la manera del Marlow de Conrad, cuenta a Álvaro Mutis, durante las jornadas de un largo viaje por el río Magdalena, el mucho más dilatado y angustioso periplo trazado por su Tramp Steamer de Helsinki a Costa Rica, de Kingston a la desembocadura del río Orinoco con su carga de amor desesperado uniendo los cabos sueltos de múltiples destinos. «Lo de ustedes durará lo que dure el Alción», sentencia en determinado momento Abdul Bashur, hermano de Warda, al capitán Jon Iturri al enterarse de los amores del vasco con su hermana. Y son estas palabras, convertidas en espada de Damocles, las que sintetizan el drama de la pareja que, instalada en un presente absoluto, decide amarse en cada puerto con la pasión de los que ignoran si algún día volverán a verse, mientras el barco maltrecho y carcomido por el óxido se va deshaciendo a cada paso bajo el peso de sus navegaciones. Pero La última escala del Tramp Steamer es mucho más que el relato de un amor agónico vivido sobre un viejo barco que va escorando el tiempo, pues la historia de Warda Bashur y Jon Iturri incluye un drama mayor que representa otra de las preocupaciones históricas de Álvaro Mutis: el encuentro entre Oriente y Occidente, entre el Islam y la cruz que originó las trágicas guerras de religión de la Edad Media y que hoy en día puede verse como un pulso entre la tradición y la modernidad, entre un orden trascendente y espiritual y otro desgastado y banal que mina las corrientes esenciales para seguir viviendo. Warda regresa al Líbano y se ajusta de inmediato a sus costumbres y su gente; Jon pilota el Tramp Steamer hasta el final, hasta el trópico letal y venenoso donde tiene su epicentro la desesperanza y donde sabe que el Alción, desgastado ya por tantas navegaciones, no podrá nunca, como el ave mítica, construir su nido en el agua. |
|||||
|
|
|||||
|
| Portada del CVC | Centro
Virtual Cervantes |
|||||