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Álvaro Mutis

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19441944

Conoce al crítico de arte Casimiro Eiger, director del centro polonés de información en Bogotá y entra a colaborar con el boletín de noticias Por nuestra libertad y por la vuestra, en el que se comentaban los sucesos de la segunda guerra mundial. Este crítico polaco, a quien más tarde dedicará Mutis su poema «El Húsar», se convierte en su mentor poético y lo relaciona con Carlos Patiño, quien lo acompañará más adelante en la aventura de publicar su primer libro, La balanza.

«Casimiro Eiger se convirtió muy pronto en mi asesor de cabecera en materia de poesía. Había vivido mucho tiempo en París, tenía una formación envidiable, pero sobre todo una gran sensibilidad y un espléndido criterio. Un día me presentó a un amigo suyo muy talentoso, que se acercaba apenas a los 20 años. Se llamaba Carlos Patiño y era, como yo, un aprendiz de poeta. Casimiro le mostró a Carlos algunos de mis versos, y a mí los de él. Eran dos estilos muy distintos, pero Casimiro insistía en que los dos íbamos por buen camino (...) y nos propuso que publicáramos un libro en compañía. Nos pareció sensacional la idea. Casimiro nos asesoró incluso en la parte logística de la edición, y muy pronto le dimos forma a La balanza, en la que iban, intercalados, poemas de Patiño y poemas míos».

19461946

Lee a Saint John Perse en la traducción al castellano de Jorge Zalamea y encuentra en los poemas «Para celebrar una infancia» e «Imágenes para Crusoe» del poeta antillano francés la pauta necesaria para cantar el mundo tropical de los cultivos de caña y de café, cuyos paisajes guardaba intactos en su interior desde la infancia:

«Cuando el trapiche se detiene y queda únicamente el espeso borboteo de la miel en los fondos, un grillo lanza su chillido desde los pozuelos de agrio guarapo espumoso. Así termina la pesadilla de una siesta sofocante, herida de extraños y urgentes deseos despertados por el calor que rebota contra el dombo verde y brillante de los cafetales».

19471947

Trabaja como jefe de publicidad de la cervecería Bavaria y recorre las distintas ciudades del país: Barranquilla, Cartagena, Medellín, Cali y Popayán. Conoce al crítico Ernesto Volkening, cuya amistad e influencia resultará muy importante en su obra.

En la finca de Coello

Escribe versos en las salas de espera de los aeropuertos y en los hoteles de paso, escenarios que luego tendrán un lugar preponderante en su obra: «Una pieza de hotel en tierras de calor y vegetales de tierno tronco y hojas de plateada pelusa, esconde su cosecha siempre renovada tras el pálido orín de las ventanas».

Publica en el magazin de El Espectador los poemas «El viaje» y la «Oración de Maqroll el Gaviero», textos en los que la figura enigmática del Gaviero empieza a perfilarse con su carga de desesperanza y su carácter marginal como reflejo vivo de los afanes y obsesiones del poeta: «¡Oh Señor! recibe las preces de este avizor suplicante y concédele la gracia de morir envuelto en el polvo de las ciudades, recostado en las graderías de una casa infame e iluminado por todas las estrellas del firmamento».

19481948

El 9 de abril es asesinado en Bogotá el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, hecho que desencadena una revuelta colectiva que culmina con el incendio y la destrucción de gran parte de la ciudad, y da inicio al periodo de lucha fratricida entre liberales y conservadores, conocido como la violencia, cuyas secuelas se extienden hasta nuestros días. Publica su primer libro, La balanza, en compañía de Carlos Patiño Roselli, cuya aparición coincide con el estallido de la llamada época de la violencia colombiana, que el poeta comentará más tarde de manera irónica al declarar: «El éxito de La balanza no tiene precedentes en la literatura colombiana. El 8 de abril repartimos la edición en las principales librerías del centro de Bogotá, y al día siguiente no quedó un solo libro. La edición se agotó en cuestión de horas... por incineración. También nuestros primeros versos fueron víctimas de los descalabros del bogotazo, aquel famoso 9 de abril».

Última página de la 1.ª edición (no venal) de «La balanza», firmada por los autores

Las trágicas circunstancias en que aparece La balanza no impiden, sin embargo, que algunos de los poetas y críticos más connotados del país, como Aurelio Arturo, Alberto Zalamea y Hernando Téllez saluden su nacimiento con comentarios elogiosos en periódicos y revistas como Semana y El Tiempo, que le otorgan un importante reconocimiento y le sirven a Mutis para ser incluido dentro de la generación de Los cuadernícolas, grupo conformado, entre otros, por Andrés Holguín, Fernando Charry Lara, Daniel Arango, Eduardo Mendoza Varela, Fernando Arbeláez, Rogelio Echevarría y Héctor Rojas Herazo.

19491949

Trabaja como director de la emisora Nuevo mundo bajo la estricta vigilancia del censor del ministro de Correos y Telégrafos del presidente Mariano Ospina Pérez, el general Gustavo Rojas Pinilla. Un día el general lo manda a citar en su despacho para hacerle saber que uno de sus censores lo ha acusado de ser comunista, pero Mutis lo deja perplejo al responderle que su filiación no es comunista sino monárquica, hasta el punto que se niega a aceptar la independencia por haber tenido origen liberal. Conoce al crítico y poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, que le sirve de mentor en el estudio de los poetas surrealistas y a quien dedicará Mutis más adelante su poema «Tres imágenes», influido por la estética de este movimiento:

«Esta pieza de hotel donde ha dormido un asesino,
esta familia de acróbatas con una nube azul en las pupilas,
este delicado aparato que fabrica gardenias,
esta oscura mariposa de torpe vuelo,
este rebaño de alces,
han viajado juntos mucho tiempo
y jamás han sido amigos.
Tal vez formen en el cortejo de un sueño inconfesable
o sirvan para conjurar sobre mí
la tersa paz que deslíe los muertos».

19501950

Trabaja como jefe de relaciones públicas de la compañía de aviación Lansa. Recorre los distintos países de Latinoamérica y se mezcla en aventuras descabelladas que más tarde servirán de material a su obra. Conoce a Gabriel García Márquez e inician una entrañable amistad en la que habrán de compartir la bohemia, la literatura, los viajes, el exilio y los libros mutuamente dedicados: «En medio de una de esas tormentas del Caribe que uno piensa que van a acabar con todo, apareció un muchacho de una delgadez impresionante, con unos grandes ojos desorbitados, un bigotón enorme que adornaba su cara pálida, y una camisa Truman de los colores más increíbles. Era Gabo. Se acercó a nosotros y nos dijo: "Ajá, qué es la vaina". Si alguien me preguntara cómo se ha sostenido esa amistad nuestra sin una sombra, sin una grieta, yo tendría que decir que ha sido gracias a que seguimos pendientes de ver qué es la vaina. A lo largo de tantos años nuestra conversación se ha centrado en lo que Borges llama "los comunes casos de toda suerte humana", más que en la literatura. Así ha sido desde esa noche en la que hablamos hasta el amanecer y nos dimos cuenta de que ese era apenas el comienzo de una relación que nos acompañará hasta la tumba».

19511951

Con Manuel Mejía Vallejo, Fernando Charry Lara, Eduardo Carranza, Pedro Gómez Valderrama, Rogelio Echavarría y otros escritores colombianos

En diciembre nace en Bogotá su hijo Santiago Mutis Durán. Conoce al poeta venezolano Juan Sánchez Peláez y a través de Gabriel García Márquez entra en contacto con el llamado Grupo de la Cueva entre los que se encontraban el crítico Germán Vargas, el pintor Fernando Obregón y los escritores Alfonso Fuenmayor y Álvaro Cepeda Samudio: «Gabo se fue después a vivir a Barranquilla, y cada vez que yo visitaba esa ciudad lo primero que hacía era llamarlo.


Nos reuníamos entonces con Alejandro Obregón, Germán Vargas, Álvaro Cepeda y Alfonso Fuenmayor, y nos entregábamos a una odisea de tragos, de recuerdos y de ilusiones tan intensa como si fuera el último día de nuestras vidas».

19531953

Trabaja como jefe de relaciones públicas de la compañía petrolera Esso. Su existencia itinerante lo lleva de los sitios inhóspitos en medio de la selva, donde se busca el petróleo, a los hoteles de cinco estrellas de Europa o Estados Unidos, donde se imparten cursos sobre el funcionamiento de las compañías. Publica en la editorial Losada de Buenos Aires, y dentro de la colección «Poetas de España y América», que dirige Rafael Alberti, el poemario Los elementos del desastre, libro que desde su título aparece como una carta de creencias mutisianas, pues recrea algunos de los temas que, en adelante, serán una constante en la obra del poeta colombiano: la supremacía de la naturaleza sobre el hombre, la caída moral, la descomposición orgánica, la banalidad de toda empresa y la visión de la poesía como una lucha estéril que, sin embargo, es necesario librar:

«Si toda una vida puede sostenerse con tan vagos elementos,
¿qué afán nos empuja a decirlo, a gritarlo vanamente?
¿en dónde está el secreto de esta lucha estéril que nos agota
y lleva mansamente a la tumba?»

En estos poemas Mutis da otro paso de capital importancia en la creación de su personaje Maqroll el Gaviero, al presentarlo realizando sus oficios extraños en el ámbito que, en adelante, habrá de caracterizarlo: el mar con sus escondidos puertos y ensenadas:

«Desde dónde iniciar nuevamente la historia es cosa que no debe preocuparnos.
Partamos, por ejemplo, de cuando era celador de trasatlánticos en un escondido y
mísero puerto del Caribe».

El general Gustavo Rojas Pinilla derroca al binomio Gómez-Urdaneta e instaura una dictadura militar de corte populista y demagógico que consigue, pese a todo, un periodo de relativa calma dentro del convulso panorama nacional. Las guerrillas liberales dirigidas por Guadalupe Salcedo, que se habían hecho fuertes en los llanos orientales, aceptan la amnistía ofrecida por el gobierno y deponen las armas.

19541954

Dirige la revista Lámpara, patrocinada por la Esso, donde acoge a jóvenes artistas y escritores como Marta Traba o Fernando Botero y patrocina con publicidad a instituciones culturales independientes como la emisora HJCK, dirigida por Álvaro Castaño Castillo y su esposa Gloria Valencia de Castaño. Se casa con María Luz Montané, unión de la que nace su hija María Teresa. Los críticos Hernando Téllez y Héctor Rojas Herazo se refieren a su libro Los elementos del desastre y a la novedad de su mensaje poético en sendos artículos publicados en La prensa de Barranquilla y El tiempo de Bogotá, y el por entonces periodista Gabriel García Márquez publica en el magazin de El espectador una entrevista con Mutis titulada «Una generación de bobitos», en la que el poeta colombiano hace hincapié en la importancia de desmitificar a las grandes figuras nacionales de la poesía y la historia para tener conceptos propios: «Si estuviéramos haciendo lo que históricamente nos corresponde, ya estuviéramos investigando con seriedad si Bolívar era realmente buen general, si Santander era en verdad El Hombre de las Leyes y si es cierto que Caro sabía castellano. Todos esos conceptos pueden ser acertados, pero puede también que alguno de ellos sea falso, y nosotros en lugar de revisarlos nos los hemos tragado crudos».

19551955

Los manejos caprichosos del presupuesto de publicidad de la compañía petrolera Esso que dirige Mutis ocasionan que la empresa adelante un juicio en su contra por supuesto fraude. Para eludirlo viaja a México y se radica en esa ciudad, donde trabaja como agente de publicidad. Visita a Octavio Paz y por su intermedio se relaciona con la intelectualidad mexicana: Juan Rulfo, Elena Poniatowska, Juan José Arreola, Carlos Fuentes...

19561956

La compañía petrolera Esso prosigue el juicio en su contra y le obliga a permanecer recluido durante quince meses en la cárcel de Lecumberri mientras gestiona su extradición a Colombia. En la prisión mexicana recibe el apoyo de los intelectuales nacionales y extranjeros residentes en el país, especialmente de Elena Poniatowska y de Luis Buñuel, quienes lo visitan asiduamente. Organiza y dirige con los reclusos de la cárcel la obra de teatro El cochambres, escrita por un presidiario y en la que se cuentan las desventuras y penalidades de un hijo de la calle en México. Escribe los cuentos «La muerte del estratega» y «Sharaya» e igualmente su desgarrado «Poema de lástimas a la muerte de Marcel Proust»:

En la época en que trabajaba para la Esso

«La muerte acecha a los pies de tu cama,
labrando en tu rostro milenario
la máscara letal de tu agonía.
Se pega a tu oscuro pelo de rabino,
cava el pozo febril de tus ojeras
y algo de seca flor, de tenue ceniza volcánica,
de lavado vendaje de mendigo,
extiende por tu cuerpo
como un leve sudario de otro mundo
o un borroso sello que perdura».

19571957

Escribe Los cuadernos negros, relato testimonio sobre su estadía en Lecumberri. Sostiene una sentida y lírica correspondencia en la que da cuenta de los sufrimientos vividos en la cárcel a Elena Poniatowska, cartas que serán recogidas y publicadas más adelante en un libro por la escritora mexicana. El juicio que se sigue en su contra es sobreseído y queda en libertad. Fija su residencia definitiva en Ciudad de México.

 

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