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Álvaro Mutis

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19231923
 
El 25 de agosto, día de San Luis de Francia, nace en Bogotá, Colombia, Álvaro Mutis Jaramillo, hijo del abogado y diplomático Santiago Mutis Dávila y de doña Carolina Jaramillo Ángel. El poeta señalará más tarde esta coincidencia como una predestinación de su filiación monárquica. Descendiente del sabio gaditano José Celestino Mutis, que a inicios del siglo XVIII dirigió la expedición botánica, principal investigación científica organizada por España en América en tiempos de la colonia, Mutis pertenece a una familia que desde su llegada a América ha mantenido estrechos vínculos con España que se han sostenido por encima del tiempo y de los avatares históricos y le han transmitido un gran amor por la península y por la cultura europea en general, lo que habrá de reflejarse más tarde como uno de los elementos fundamentales de su obra.

Con el padre

19251925

Su padre, graduado en jurisprudencia que había sido edecán de dos presidentes conservadores, es nombrado miembro de la legación colombiana en Bruselas. El pequeño Álvaro Mutis viaja a Europa en compañía de su familia e ingresa en el Colegio Saint Michel de Bruselas, dirigido por padres jesuitas, donde cursa los estudios primarios e inicia la secundaria.

19261926

Regresa en compañía de sus padres a Colombia para pasar las vacaciones en la finca cafetalera de Coello situada en el departamento del Tolima y propiedad de su abuelo Jerónimo Jaramillo. Después de la travesía del océano Atlántico, el barco recala en varios puertos del Caribe y atraviesa el canal de Panamá hasta atracar finalmente en el puerto de Buenaventura, sobre el litoral pacífico; remontan luego la cordillera en automóvil y a lomo de mula hasta arribar a la Tierra Caliente colombiana, en las laderas de los Andes. Este maravilloso viaje, que la familia repetirá en varias ocasiones durante los nueve años de su permanencia en Europa, será, como el poeta ha declarado en numerosas entrevistas, el origen fundacional de toda su obra: «Hablando con poca modestia, diría que de ahí, de Coello, de sus alrededores, sale mi pequeño universo. Esa tierra es la fuente de todo lo que he escrito. No me interesa qué valor tengan mis narraciones o cuánto vayan a durar en la memoria de la gente... lo que de verdad me importa es que hice vivir a Coello más de lo que realmente vivió».

19281928

Descubre a Salgari y a Julio Verne y se inicia en la lectura apasionada de novelas de aventuras. Nace en Bruselas su hermano Leopoldo.

19301930

Lee La isla del tesoro y se entusiasma con «la magnífica obra narrativa de Stevenson».

19321932

Descubre la narrativa de Charles Dickens y de Joseph Conrad. Se familiariza igualmente con la poesía de los simbolistas franceses y belgas que influirán en su carrera literaria. Fallece en Bruselas su padre a la edad de 33 años. La madre, doña Carolina Jaramillo de Mutis, y sus hijos se embarcan en Amberes y tres semanas después llegan al puerto de Buenaventura en el litoral pacífico colombiano para establecerse definitivamente en el país.

Con los padres

La muerte repentina de su padre es el primer luto grave en la vida de Álvaro Mutis, no solo por la tragedia que implica verse privado de su presencia protectora a una edad tan temprana sino porque la misma se produce acompañada de la pérdida de un universo completo, el mundo de los grandes viajes en barco por los mares, de las tradiciones y de las antiguas piedras de Europa, a cuya cultura y modo de vida se había acostumbrado, y fuera del cual le parecía imposible vivir: «Mi padre se fue cuando yo más lo necesitaba. Su muerte fue como una amputación brutal. Recuerdo muy bien lo que sentí. Yo pensé: "Alguien me ha jodido". Y durante buen tiempo le guardé rencor por haberse marchado. Por primera vez pensé en la muerte, y comprendí que algún día me llegaría la hora. Tal vez ahí comencé a morirme yo también».

19361936

Ingresa en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario de Bogotá para cursar los estudios secundarios. En ese prestigioso centro, fundado por su ilustre antepasado, el sabio gaditano José Celestino Mutis, recibe clases de literatura dictadas por el poeta Eduardo Carranza y se entrega a la lectura de los clásicos españoles, y de la historia europea en la biblioteca francesa de su padre, que conserva en la finca cafetalera de Coello, adonde la familia sigue yendo durante las vacaciones.

19371937

Empieza a experimentar una gran aversión por el colegio y los estudios convencionales. Lee las Memorias de ultratumba de Chateaubriand y se identifica con su pesimismo y su desesperanza. Prosigue sus lecturas de historia medieval y de relatos de viajes, entre los que destaca Los viajes del capitán Cook, que aparecerá más tarde reflejado en varios de sus poemas: «Y giro eternamente alrededor del difunto capitán de cabellos de acero. / Mías son todas estas regiones, mías son las agotadas familias del sueño».

19381938

Descubre la poesía surrealista y se apasiona por ella, hasta el punto de pensar en escribir un libro que se llamaría La cebra perfumada. Descubre el billar y se aficiona a su práctica tanto como a la poesía, lo que aumenta su rechazo por los estudios convencionales: «Hacer una buena carambola se parece mucho a lograr un poema, no digo un buen poema, porque buenos poemas los hizo Dante, o Virgilio, o Baudelaire, o San Juan de La Cruz. Pero sí a lograr un poema, porque en los dos casos lo primero es analizar la situación de las imágenes. Luego, prescindir de las soluciones inmediatas, pensar con calma, y de repente decir "es por aquí", y en ese momento dar la tacada y ver qué pasa».

19401940

El pulso sostenido entre los estudios convencionales y su vocación de poeta termina inclinándose a favor de la segunda. Se retira del colegio sin haber obtenido el título de bachiller y se entrega a su pasión por la poesía y el juego del billar: «El billar fue uno de los grandes culpables de que no consiguiera el cartón de bachiller. Los primeros jueves de cada mes, era tradición en el Colegio del Rosario que los internos saliéramos a confesarnos en la iglesia de San Francisco. Yo siempre me apuntaba al programa, pero apenas traspasaba la puerta y me encontraba en libertad, cambiaba los planes espirituales por otros definitivamente profanos. En lugar de concentrarme en mis pecados, me metía al Café Europa o al Café París y me concentraba en el fascinante juego del billar. Allí me entregaba a esa pasión que llegó a dominarme casi tanto como la lectura, hasta cuando se acercaba la hora en que los cerrojos de las puertas del Rosario se corrían irremediablemente, al filo de la media noche. Entonces regresaba al internado con cara de santidad recién adquirida en el confesionario, aunque mi único arrepentimiento era por las carambolas que había echado a perder».

19411941

La violencia que secularmente ha azotado a Colombia se apodera del departamento del Tolima y su familia debe vender la finca cafetalera de Coello e instalarse definitivamente en Bogotá. Se casa con Mireya Durán Solano, con quien tendrá tres hijos: María Cristina, Santiago y Jorge Manuel. La pérdida de los genésicos paisajes de Coello, donde había pasado los mejores momentos de su infancia entre cafetos, cámbulos,

Con su familia

ceibas, guaduales y plantaciones de caña de azúcar rodeadas de ríos torrentosos, va a convertirse en la segunda ruptura grave de su vida, en el segundo cercenamiento de su objeto ideal y su querencia, que habrán de convertirlo para siempre en un exilado de dos mundos: «Cuando digo que conocí el paraíso estoy diciendo la verdad. A mí no me lo tienen que contar. Se llama Coello. Ese paraíso donde terminan los llanos del Tolima y comienza la cordillera, hacia La Línea. Esa finca donde pasé todas las vacaciones durante mi fracasada época de estudiante».

Ingresa en la Radiodifusora Nacional de Colombia como locutor de noticias y ve aparecer sus primeros versos: «Mi paso por la Radiodifusora Nacional no duró mucho tiempo. Pero fue ahí, precisamente, donde quedó sentada la partida de bautismo de mis primeros versos. Una noche estaba escuchando la Quinta Sinfonía de Sibelius mientras esperaba que fueran las once para leer el último boletín. De repente, en el tercer movimiento, tuve la sensación de que Sibelius me decía algo. Era como si quisiera revelarme un secreto que tenía que ver profundamente conmigo. Volví a poner el disco desde el comienzo, me senté frente a la máquina y escribí unos cuantos versos, como si estuviera traduciendo en palabras la hermosa melodía del finlandés».

Se aficiona a la música clásica bajo la dirección de Otto de Greiff y bajo el influjo de la misma escribe su primer poema, del cual sólo han quedado los versos «un dios olvidado mira crecer la hierba», que se incluirán más tarde en el poema «El miedo». Alejado para siempre de la Europa señorial y del paraíso perdido de su hacienda cafetalera de Coello, Mutis refleja en estos versos lo que será una constante en su poesía; la impronta de angustia y de dolor que caracteriza al hombre en el exilio al sentirse desamparado y entregado a sus propias fuerzas:

«Paso a paso la noche va enfriando los tejados de cinc, las cascadas, las correas de las máquinas, los fondos agrios de miel empobrecida.

Todo, en fin, queda bajo su astuto dominio. Hasta la terraza sube el olor marchito del día.

Enorme pluma que se evade y visita otras comarcas.

El frío recorre los más recónditos aposentos.

El miedo inicia su danza. Se oye el lejano y manso zumbido de las lámparas de arco, ronroneo de planetas.

Un dios olvidado mira crecer la hierba».

19421942

Ingresa en la compañía Colombiana de Seguros como jefe de redacción de la revista Vida e inicia una existencia dual como poeta y ejecutivo de importantes firmas comerciales que caracterizará en adelante su vida. Este trabajo le permite entrar en relación con la intelectualidad del país: Eduardo Caballero Calderón, Rafael Maya, Alberto Lleras Camargo, los primos Eduardo y Jorge Zalamea y, en fin, con los principales miembros de la generación de Los Nuevos y del grupo de Piedra y cielo: Eduardo Carranza, Jorge Rojas y Gerardo Valencia. «Lo curioso es que yo estuve mucho más cerca de los que en realidad estaban más lejos de mí en el tiempo. Es decir, de Los Nuevos. Pero es que eran ellos los que estaban leyendo lo que a mí me interesaba: Camus, Malraux, Montherlant, Green, Mauriac... Los piedracielistas, en cambio, estaban metidos de cabeza en Juan Ramón Jiménez; de hecho, Piedra y cielo es el título de un libro suyo».

19431943

Cuando trabajaba como locutor

Escribe para la revista Vida una serie de pequeños retratos sobre figuras literarias entrañables -Conrad, Pushkin, Saint Exupéry, etc.- y da a la luz su primer poema: «Se me ocurrió convertir en palabras todas las emociones que guardaba adentro, intactas, sobre mi experiencia con la creciente del río Coello: ese espectáculo de una naturaleza alebrestada que va despidiendo y contagiando energía a su alrededor. El texto se llamó "La creciente", y siempre lo he tenido como el primer poema que publiqué».

En este texto visionario el paisaje de Tierra Caliente aparece ya plasmado con su naturaleza a un mismo tiempo feraz y destructora, y sus imágenes alucinadas en las que el esplendor de la palabra nos redime de la destrucción y de la muerte:

«Al amanecer crece el río, retumban en el alba los enormes troncos que vienen del páramo.

Sobre el lomo de las pardas aguas bajan naranjas maduras, terneros con la boca bestialmente abierta, techos pajizos, loros que chillan sacudidos bruscamente por los remolinos».


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