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Un autorretrato puede entenderse como un simple ejercicio
de estilo por parte de un autor, o como un intento de anunciar su propia existencia ante
el mundo (bien de modo arrogante, bien con serena humildad). Para poder representarse a
sí mismos, los pintores se contemplan en un espejo. Sin embargo, el espejo en que los
autores se contemplan no es una simple superficie bruñida, de cristal o metálica. Más
bien es su propio yo, su carácter y sus aspiraciones, expresadas en el tratamiento de
color, fondo y atributos con que ellos mismos se trasladan al lienzo. De este género, tan revelador sobre la personalidad del
artista, el Museo del Prado ofrece una recopilación de singular interés.
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