La llegada de los euros en nuestros bolsillos cambió drásticamente una serie de hábitos a los que lentamente nos hemos ido habituando. Así, han ido desapareciendo de nuestro lenguaje coloquial expresiones como «No tener un duro» o «Estar a la pela» mientras que se han ido popularizando otras palabras para referirse a la moneda comunitaria; «dineuro», por ejemplo; «helio», entre los más jóvenes; o «ebro», en algunos lugares.
Ya antes de que los euros se convirtieran en moneda contante —y sonante— los periódicos publicaban multitud de informaciones sobre la nueva unidad monetaria y sus características.
Por ejemplo, hay una que explica a la perfección que cada euro se divide en 100 centímetros. Y para resolver definitivamente las dudas añade que habrá monedas de 1, 2, 5, 10, 20 y 50… ¡centímetros!
Piensen en las dimensiones que, caso de ser correcta la información, acabarían teniendo los
monedeuros.
Otros periódicos parecen no tenerlo tan claro. Así vemos cómo
un consistorio sacó a subasta un parque de 1500 metros cuadrados, por 36 000 euros... ¡cuadrados!
Lo que facilita mucho los cálculos cuadrados, claro.
También hay que decir que los
ayuntamientos llaman parque a cualquier lugar donde aparezca «instalado» un árbol. Por ejemplo, en la siguiente información leemos que
otro ayuntamiento ha
instalado cinco árboles y tres bancos, en una superficie de 140 millones de pesetas, suponemos también que cuadrados, si bien es algo que no se especifica.
Ocurre a veces que las cifras, en euros, se dan de modo aproximado justo para evitar problemas con la conversión. Así vemos que a Carmen Polo de Franco se le estima, según esta información, una fortuna de muchos ceros a la izquierda de euros. Algo que debe haber dejado muy intranquila sobre todo a la interesada.
Y eso sin contar con la depreciación de la moneda, porque fue opinión unánime en los primeros tiempos que el euro y sus redondeos habían provocado una subida importante de los precios. De ahí la noticia de este diario que advierte a los consumidores de que es posible ahorrar si se buscan los mejores precios. Por ejemplo, un consumidor madrileño, según
la información, puede recortar sus gastos anuales en hasta ¡1150 millones de euros!
Unos 191 billones de pesetas, al cambio, que ya los quisiera
para sí algún Estado soberano, o el que suscribe, sin ir más
lejos.
Porque recordarán que durante mucho tiempo la moda consistía en expresar la cifra en euros y a continuación en
pesetas, aunque a veces se expresaba primero en pesetas y luego también en pesetas.
No es de extrañar que, con tanto lío de dinero, la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales) se decidiera por otra unidad monetaria,
el minuto, con lo que los convenios colectivos son mucho más difíciles de calcular.
La economía: un territorio definitivamente duro. Ahí tienen ese gesto del tenista Carlos Moyá, doliéndose de una torcedura en el tobillo que le provocó una considerable inflación. ¡Anda que si llega a saber el
Gobierno que la inflación baja con hielo!
Reconozcan que hay cosas increíbles. Quién iba a pensar que tras una aparatosa caída en parapente, todo se saldara al final con varias facturas.
Los deportes de riesgo, ya saben, al final acaban costando un dinero.