Después de la clase sobre economía doméstica que acabamos de dar, he de reconocer, sin complejos, que soy más bien del territorio declarado de las letras, y que las cifras siempre me han transmitido algo de esa frialdad estática de lo inapelable.
Pero hay cosas que no
dejan de llamar la atención. Por ejemplo, el siguiente titular, y no tanto por la media de edad, sino por el número de habitantes que se supone habrá dentro de 50 años en el planeta: ¡8900! Lo que augura, entre otras cosas, la desaparición de las molestas colas en los cines y lugares de esparcimiento.
Ocurre que los números precisan de un extremado celo en su exposición y cualquier alteración de los mismos conduce inexorablemente a la catástrofe. Vean estos seis de cada cuatro canarios asediados por la delincuencia.
O los ocho de los tres acusados de los que se habla en la
esta otra información. O, las alarmantes cifras de acoso laboral, de cuyas víctimas seis de cada cuatro son mujeres. Que es, por cierto, la
misma cifra que los canarios asediados, lo cual no deja de ser
una curiosa coincidencia, ignoramos si trascendental en algún
aspecto.
¡Las cuentas no
salen por más que nos empeñemos! Si no, que se lo pregunten
a la víctima de esta noticia en cuya casa, la Guardia Civil,
tras un registro minucioso, encontró
¡57 000 personas! Suponemos que debidamente plegadas sobre sí mismas porque, verdaderamente, 57 000 es una cantidad verdaderamente apreciable de personas. Calculen: 57 000 camisas, 57
000 camas o 57 000 cepillos de dientes. Una barbaridad de gente para tenerla metida en casa, la mayor parte, además, funcionarios, a juzgar por el número de ellos que existen en España.
Así, no es extraño que tengan que pasarse el día desayunando, con lo que estropea el hígado. A cambio, también nos topamos con regiones desfavorecidas donde 1200 agentes y más de 380 000 cuestionarios servirán para censar a 10 personas, con 00 añade
—precisión milimétrica—, según la información el sector personas, como el de los euros, se ha llenado de repente de céntimos. Y
eso sin entrar en las relaciones familiares
que se establecen entre ellas, en ocasiones difíciles de
expresar, y no decimos ya de entender.
En cualquier caso y aun con la disparidad de cifras en España, y ligazones consanguíneas, según el siguiente artículo, cavemos todos.
No sabemos si al final hablamos del verbo
caber o del verbo cavar (no es lo mismo) porque definitivamente hay mucha obra municipal activa (recuerden los usuarios perdidos de autobús) y no sería extraño que acabáramos todos —o acaváramos— teniendo que agarrar el pico.
Permítanme volver al tema de los números, tipos escurridizos y traicioneros como estamos viendo en su propia esencia. Porque, ustedes me dirán de ese viernes 5,
Miércoles de Ceniza.
¡Qué complicación!
¿Y el 29 de agosto, día de San Juan Autista? Cierto es que las santidades se rigen por otro reglamento, de modo que su mundo puede resultar extraño a los mortales.
¿Qué me dicen, por ejemplo, de San Simeón Estilista? Representante, como se lee en la información de una ascética extraña.
Claro, no deja de ser extraño que un santo enfoque su apostolado hacia el mundo de la peluquería.
Los caminos del señor, es sabido, son inescrutables. Tan inescrutables a veces que cuesta mantener la vocación en alza. En todo caso, hablar de ejemplares
en el caso de los sacerdotes resulta un poco fuerte.
Máxime con lo peligroso que se ha puesto el culto, a juzgar
por el dato que aporta esta información:
¡Cuatro víctimas en misa! Y eso que el sermón
tampoco fue de los rigurosos que si no, podría haber sido una
auténtica catástrofe.
Es lógico que la Iglesia hable de altibajos. Lo mismo que ocurre con los visitantes extranjeros, siempre exóticos en sus cosas, que crecen, como ven en la siguiente noticia, un 3,2% hasta abril. Así no hay manera de competir:
ese tres por ciento acaba siendo un estirón en toda regla.
Ahora que los problemas, los verdaderos problemas, no tienen que ver tanto con la altura sino con las cifras de producción. ¿O no es preocupante que en 2002 se fabricaran en España un total de 198 pares de zapatos? Y no se lo pierdan, por un valor de ¡3120 millones de euros! A ver quién puede gastarse ese dineral en calzado. No me extraña que anden por ahí los ministros del ramo diciendo que no somos competitivos con las economías orientales.
Lo mismo que en Aragón respecto del reciclado del vidrio. Vean las cifras. ¿Hay derecho? ¿Casi siete kilos de vidrio? ¿En todo Aragón? Pues ustedes me contarán. Propongo que hablemos de inmediato con el diputado Labordeta, hombre a buen seguro cuidadoso con sus cristalerías.
Para compensar, las incontestables cifras de Cantabria respecto del número de reclusos por habitante; son punteras. Ahí lo tienen, casi 132 reclusos por habitante según el titular, lo que coloca a esta comunidad autónoma a la cabeza del consumo mundial de población penal. Todo un hito.
Y vamos a ir acabando con el problema de los numeritos con un singular ejercicio de magia.
Atención porque las obras de reforma del área de urgencias afectan, como pueden
leer, a la capacidad del hospital, que se duplica en 800 metros. Lo que sumado a los 800 existentes hace un total de ¿mil seiscientos? No, mil seiscientos treinta. Es lo que tienen las matemáticas que son, como se sabe, extremadamente precisas en sus cálculos.
Y van a permitirnos que de estos 1630 metros de territorio hospitalario, siempre densamente poblado, pasemos sin transición a la soledad del viajero de la foto que pasea en paz y sosiego por esa ruta del norte, ya utilizada, según el pie de foto, por los monarcas en el siglo
XXIII.
El monarca del siglo
XXIII, ¿será ese uno de los 8900 habitantes mundiales? ¿Uno de los 2000 millones de funcionarios? ¿Alguno de los reclusos cántabros? No sabría decirles, pero lleva 18 kilómetros andando, o huyendo, nunca se sabe.