Hay una vieja máxima de las escuelas de periodismo que afirma (con absoluta impunidad) que no es noticia que un perro muerda a un niño, sino que lo realmente noticioso es que un niño muerda a un perro.
Dentro de esta política de segregación informativa no sería extraño encontrarse con titulares como el siguiente, en el que una gorra apuñala a un joven, en vez de un joven que apuñala una gorra.
Al final nunca se sabe con quién se la está uno jugando. Cabe también pensar que la gorra no sea la asesina sino el motivo de la reyerta, pero eso, en este mundo singular de las erratas periodísticas es, como siempre, demasiado suponer.
Porque busquen la solución lógica al siguiente galimatías informativo: una dotación policial interviene una navaja que merodeaba por el polígono industrial.
¡Cómo no va a despertar sospechas una navaja merodeando a las once de la noche por un polígono industrial!
Ustedes me dirán qué puede hacer una navaja decente a esas horas. Pues nada bueno, obviamente.
No nos cansamos de decir que pasan unas cosas muy raras, también en el siempre escurridizo territorio de los sucesos. Por ejemplo, que unos ladrones, tras asaltar un colegio, avisaran a la policía para que lo vigilara. Todo un detalle digno de aquellos descuideros que, cuenta la leyenda, devolvían la cartera al interesado, después, eso sí, de limpiársela con diligencia y profesionalidad para evitarle el engorro de tener que solicitar nuevos documentos.
Qué diferencia con los delincuentes de ahora, meros aficionados que, como el siguiente, se da a la fuga después de una reyerta con un muerto. Y es que hay que ser abusón.
¿Y de los muertos que se mueren de nuevo qué me dicen? Eso sí que es afición. Vean si no ese atentado que causa la muerte de 224 muertos.
O el turista alemán ahogado que se muere esperando una ambulancia.
Sin embargo, no todo van a ser desgracias. He aquí el caso del diputado de turismo que vuelve al trabajo tras morir casi ahogado.
Una noticia casi con final feliz.
Y no es por hacer bromas con temas tan delicados, pero hablando de ahogados he recordado esa información en la que se habla
de apadrinar
cadáveres embalsados, que también resultaron muertos, como era de esperar.
Y aún así, que nadie se engañe porque ni la muerte garantiza la paz y el descanso, no ya eterno, que tal vez sería demasiado pedir, sino el simple sosiego terrenal. Ahí tienen a este obispo haciendo la vida imposible a un cura fallecido, que también son ganas, y muestra sobre todo
y como mínimo, de una llamativa falta de caridad cristiana.
Menos mal que la colaboración ciudadana aporta siempre datos precisos, testimonios y descripciones de todo tipo que permiten acercarse a los culpables con eficacia. Es el gobierno de los adjetivos: alto, bajo, gordo, delgado, de mirada torva o de rasgos levantinos… Ahí tienen la indiscutible exactitud de una descripción: un individuo de rasgos levantinos. Ignoro cuáles puedan estos ser, pero si encuentran alguna persona que responda a esas características no duden en señalarlo como culpable.
En esta otra información también encontramos comentarios sumamente precisos sobre los luctuosos hechos que se narran: dos individuos que propinan a otro una paliza en absoluto común, sino de nacionalidad colombiana.
Tampoco está exenta de datos la siguiente noticia: Dos Estados
norteamericanos desoyeron las peticiones de clemencia y ejecutaron casi a dos condenados.
Algo parecido ocurre con el siguiente golpe al tráfico de drogas igualmente narrado con inapelable precisión. Entre el arsenal incautado figuran, como vemos, 4 pistolas ó 3 revólveres.
No hay nada como el desinterés, la indiferencia, la indeterminación, la indecisión en los requisitos. Ustedes me dirán quién va por ahí declarando un sexo indistinto en su carné de identidad.
Algo muy diferente a lo que se lee en la siguiente noticia, en la que se da cuenta de lo encontrado en un registro, también después de un hecho luctuoso: una caja de balines y una escopeta, escondida, eso sí, en los calcetines. No se especifica si la caja de balines y la escopeta estaban escondidas en sendos calcetines, o bien en el mismo, quedando el otro calcetín libre para albergar otro tipo de armamento.
Algo como lo que ocurre con la primavera
que, como vemos, no acaba de decidirse. ¿En qué quedamos?
¿Comienza hoy? ¿Comenzó ayer? ¿Comienza? Y esto no es nada, al
fin y al cabo hablamos de escasamente un día. Todo se complica
cuando hay una diferencia mayor, como estas
temperaturas que estuvieron oscilando entre 36 y 38 años.
Imaginen para aclararse con las predicciones. Otra curiosidad que nos llamó la atención fue el tiempo dedicado por Julio Verne para adquirir la monumental cultura científica que después utilizó para escribir sus libros. Ahí lo tienen: varias horas.