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La crítica considera que Monterroso es un especialista en revisar,
rescribir e incluso inventar géneros literarios, sin embargo, en esta
recolección de cuentos, el autor se mantiene relativamente fiel a las
características de este género. La originalidad de los mismos estriba,
principalmente, en la ausencia de condicionamientos formales, artificio en
el que inciden tanto la inscripción de abundantes elementos paródicos como
la variedad en extensión de los mismos. En efecto, hay cuentos de una sola
línea: «El dinosaurio», pero también los hay que presentan la forma de
crónica (muy breve) como «El eclipse» y otros que inscriben la forma más o
menos aceptada del cuento como «Mr. Taylor». Ahora bien, más allá de la
falacia intencional que se pueda esperar de todo escritor, en el caso de
Obras completas, el propósito de la obra (que inaugura con un
título tan sorprendente las publicaciones del autor) se incluye en el
texto mismo de cada cuento.
Los cuentos que componen Obras completas (1959) son de todos conocidos. «Mr. Taylor» retrata a un estadounidense capitalista perdido en el trópico que, con afán de hacerse más rico, organiza un negocio que consiste en cortar cabezas de nativos para llevarlas a museos de Estados Unidos. El negocio no sólo arrasa al país tropical, sino que además, lo conduce a él mismo a su propia muerte. Es un cuento evidentemente antiimperialista, muy alejado al realismo social todavía imperante en los años cincuenta. El autor ha confesado que lo escribió para responder a una necesidad de atacar al gobierno imperialista de Estados Unidos y a la United Fruit Company que por esas fechas intervino en Guatemala para derrocar el gobierno revolucionario de Arbenz. En la misma línea se encuentra el titulado «Uno de cada tres», en el que la obsesión de los desesperados por contar sus tristezas a quienes se dejen escucharlos, desencadena una operación capitalista; en «El eclipse», el misionero Bartolomé Arrazola es sacrificado por confiar a ultranza en la ignorancia astronómica de los mayas; en «Sinfonía inconclusa» el descubridor de los dos movimientos finales de la sinfonía concluida admite, con amargura, la imposibilidad de corregir la historia; en «Leopoldo a sus trabajos», un escritor se estaciona perennemente en las formas más pueriles de la escritura, mientras pretende crear para la literatura un nuevo Quijote; en «Primera dama», su protagonista, con el pretexto de la caridad, cumple su sueño homicida al tiempo que destruye el poema de Rubén Darío; el cuento «La vaca», que se sostiene con el manejo de unos recursos lingüísticos sabiamente manejados, subvierte cualquier código formal respecto al género cuento y, por último, el cuento Obras completas, que cierra el volumen, contribuye a hacer de este final uno de los más originales de la literatura en lengua española. En Obras completas se anuncian las constantes de la obra posterior de Monterroso: el origen literario de su imaginación; el intercambio entre humor y seriedad, que conllevan la trampa en la sonrisa; la relatividad de los valores morales; la parodia y la burla de los estereotipos; la inclinación por la brevedad en la escritura; la crítica del academicismo y la solemnidad; la presencia, aunque sólo anunciada, de los animales con comportamientos humanos y literarios. En suma, cabe destacar la originalidad de un autor que se lanza a la publicación de su primera obra con un titulo tan llamativo y sorprendente, pero que apunta un guiño inteligente y afectuoso a sus lectores, que lo seguirán, guiño tras guiño, a lo largo de su carrera literaria. |
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