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Augusto Monterroso

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Movimiento perpetuoEs el tercer libro de Monterroso y se inaugura con una cita de Lope de Vega: «Quiero mudar de estilo y de razones», es decir, que el autor prosigue con su intención de no crear un modelo fijo de escritura y antes bien se proyecta en el devenir continuo de formas literarias que le permiten, sin embargo, tratar los temas que le interesan desde sus inicios en la literatura. Esta vez, el ensayo, en su variante de reflexión literaria, va a ser la forma predominante en Movimiento perpetuo (1972), si bien, esta obra, como indica su título es un oscilar imparable entre distintos géneros, porque como asegura su autor en el «Prefacio» el ensayo es cuento que, incluso llega a ser poema.

El autor deambula por cada uno de los textos que componen Movimiento perpetuo: en «Las moscas», «Es igual», «De atribuciones» y «Homenaje a Masoch» descubrimos una voz autocrítica, centrada en asuntos literarios y, a un tiempo, desmitificadora de cualquier quehacer intelectual, porque la visión intimista, cargada de ternura que envuelve a estos textos, contribuye a hacer de la escritura un juego catártico, una liberación a través de la parodia y la ironía que aniquila la vanidad de los autores. Y es que las moscas, volátiles y huidizas, efímeras aunque insistentes, dibujadas a lo largo de las páginas del libro y también comentadas en diferentes textos, son las auténticas protagonistas de esta obra al ser propuestas como objeto literario con diferentes valores simbólicos. La mosca, como detonante y motivo, propone al lector un viaje por la literatura universal al tiempo que posibilita el homenaje a distintos escritores que han incidido de una manera o de otra en la vida y en la obra de Monterroso: en «El informe Endimión», escritores como Rubén Darío y Porfirio Barba Jacobs son evocados de soslayo, mientras se apunta la admiración por Dylan Thomas; en «Beneficios y maleficios de Jorge Luis Borges» se anota que este escritor, a quien relaciona con Chesterton, Melville, Cervantes, Quevedo, Felisberto Hernández, Kafka, el cine y la novela policial, le interesa sobremanera.

Ahora bien, junto a los ensayos de reflexión literaria, se inscriben algunos dichos, aforismos, incluso una poesía quechua traducida al español y que tiene por objeto de inspiración a la mosca. Son textos muy breves que puntualizan la marca peculiar de Monterroso en cuanto a la escritura: «Te conozco, mascarita» habla de la timidez y del humor como rasgos de la personalidad del autor; «Homo Scriptor» y «Dejar de ser mono» aluden al talento, no siempre reconocido, de los escritores latinoamericanos; «Ganar la calle» y «Estatura y poesía» prefiguran y avanzan el próximo libro del autor, ya que inscriben frases de Eduardo Torres, el personaje literario de «Lo demás es silencio»; «Fecundidad» es un texto de una línea que ha suscitado encomiables comentarios entre la crítica y, paralelo a éste se anota «La brevedad», compendio de las premisas creadoras de Monterroso, quien, sin embargo, reconoce anhelar escribir textos larguísimos. Por encima de todos ellos destaca el texto «Onís es asesino», que participa del experimento lingüístico, del juego fonético unido al manejo de conceptos abstractos, tan asiduo a la tradición literaria hispánica, pero que ha convertido a Monterroso en uno de los cultivadores por antonomasia del palíndromo. En conclusión: en Movimiento perpetuo el humor amargo se sostiene por el sabio manejo de recursos lingüísticos a la vez que por la inscripción de agudas y sutiles alusiones conceptuales. El cierre de la obra que revierte al comienzo de la misma es muestra, una vez más, de la originalidad de un autor que se resiste a quedar registrado en un modelo estable de escritura.

 

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