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Visto en esta dimensión, Poema de
Chile puede ser una clase o un curso de historia natural, cotidiana y
cultural de Chile, casi un relato para niños, en apariencia sencillo en su
estructuración retórica y hasta restringido en sus asociaciones discursivas.
Pero en realidad es un texto abierto a lecturas en variedad de
códigos
complejos e incluso interdisciplinarios que permiten aprehenderlo en su
múltiple complejidad. Leído desde una clave mítica se revela como un texto
chamánico y como una geografía mítica, al mismo tiempo que funda nuevos
mitos como el del Padre Desierto o el del Padre Cobre, a la vez que realiza
una inversión del mito de Orfeo en que sustituye un héroe por una mujer; reemplaza el espacio infernal por uno natural; los valores griegos, por los
cristianos y americanos; el mito por la historia.
Desde una perspectiva cultural el poema se inscribe en la tradición sincrética de Hispanoamérica, fundiendo elementos religiosos del cristianismo hispano con elementos del acervo indígena vigentes en la tradición popular mestiza del continente, además de ofrecer una adelantada postura de género. Poema de Chile es un texto extenso, multifacético, polivalente, que relativiza y rompe la unidad de modelos de variada especie, configurando una original escritura correctora que marca su especificidad en la transtextualidad hispanoamericana y amplía la interculturalidad e interetnicidad iniciadas a partir de la invasión europea del continente. Culmina con la «Despedida», en que Mistral explica la intención de su legado poético: «Ya me voy porque me llama / un silbo que es de mi Dueño / (...)Yo bajé para salvar / a mi niño atacameño / y por andarme la Gea / que me crió contra el pecho / (...) Sentí el aire, palpé el agua / y la Tierra. / Y ya regreso». |
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