| Para realizar la
oración el musulmán debe estar en estado de pureza ritual (tahara). Ese estado
puede perderse por cualquier acto fisiológico o por estar en contacto con cosas impuras.
Para recuperar la pureza, antes de acudir a la mezquita, se hacen las abluciones. Éstas
pueden ser de dos tipos dependiendo de si la impureza es leve o mayor. |
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Las abluciones menores (llamadas wudu)
consisten en enjuagarse la boca y lavarse el rostro, las manos, los antebrazos hasta los
codos y los pies hasta los tobillos. Para las mayores (o gusl) hay que lavar todo
el cuerpo.
Esa es la razón de que todas las mezquitas
tengan una fuente o un lugar destinado a hacer las abluciones. También es normal, como
sucedía en la Córdoba omeya, que en sus cercanías existieran varios baños públicos.
Sabemos que algunos de los emires y califas cordobeses construyeron en torno a la mezquita
aljama unos edificios específicos para hacer esas abluciones, de manera que las impurezas
quedasen siempre fuera del recinto sagrado. Estos lugares recibían el nombre de midá
y en su interior había letrinas, baños, pilas y fuentes. La primera midá fue la
que construyó Hisham I al lado oriental, pegada al exterior del muro del patio. Al-Hakam
II erigió dos, una a oriente y otra a occidente de la mezquita que acababa de ampliar.
Para abastecerlas, el califa mandó hacer una canalización de piedra con tubos de plomo
que traía el agua desde la Sierra de Córdoba. Ésta también llenaba la cisterna o
aljibe de la mezquita, agua que los cordobeses podían utilizar para beber. Por último,
Almanzor también construyó un aljibe en el patio y una midá en el lado oriental
de la mezquita, en sustitución de la que se había destruido con su ampliación. Sus
cimientos, así como una parte de los de la midá de Hisham, han sido hallados en
sendas excavaciones.

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