Las grandes fiestas Volver al índice


El mes de Ramadán es el mes noveno del calendario musulmán. En ese mes de ayuno la Mezquita de Córdoba permanecía abierta durante toda la noche con todas sus lámparas encendidas; incluso el alminar se iluminaba. Los cronistas dicen que se gastaban enormes sumas de cera y de aceite. En ese mes las noches son especialmente vivas en las ciudades musulmanas. Inmediatamente después de la puesta de sol, los fieles acuden a la mezquita aljama a hacer la oración preceptiva. Después las familias y los amigos se reúnen para comer, tras haber ayunado durante las horas diurnas. Son veladas de carácter festivo, interrumpidas por las oraciones de la noche y del alba, antes de la cual realizan la última comida hasta la noche siguiente.
Quemador de perfumes. Periodo almorávide, siglo XII. Museo de la Alhambra.

El 27 de Ramadán se celebra la «noche de la majestad o del poder» (o lailat al-qadr), que conmemora el momento en que Mahoma tuvo la primera revelación del Corán. Es la noche más importante, por lo que la Mezquita de Córdoba se perfumaba con ámbar y madera de aloe y los fieles acudían a leer y recitar el Corán hasta el amanecer.

Otras dos grandes fiestas que también se celebraban con una oración común en la mezquita mayor son la de «la ruptura del ayuno», que marca el final de Ramadán y la «fiesta del sacrificio», día en que las familias sacrifican un cordero, recordando al profeta Abraham. Dado el gentío que se reunía en estas dos fiestas, con frecuencia se celebraba la plegaria en un oratorio al aire libre situado a las afueras de la ciudad, que se llamaba Musallà. Hasta allí se desplazaban también el imán y el jatib de la Gran Mezquita de Córdoba para dirigir la oración y hacer el sermón.

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