A la izquierda del mihrab se conserva una portada decorada
con mosaicos que daba acceso antiguamente a la denominada
Sala del Tesoro o Bayt al-mal. En ella se custodiaban
diferentes objetos litúrgicos, candelas y otros utensilios
referentes a la iluminación del edificio, así como el
Corán que era utilizado durante la oración de los viernes.
Las obras realizadas una vez que el edificio pasó a convertirse
en catedral cristiana y la construcción de la Capilla
de Santa Teresa desfiguraron, en gran medida, todo este
espacio. |

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El nombre de «tesoro»
se debe a que en origen en todas las mezquitas había un lugar
donde se depositaban objetos valiosos y dineros procedentes
de los hábices de la mezquita, donaciones y limosnas, que
eran posteriormente utilizados en obras de caridad o en trabajos
que afectaban al propio edificio. Dicho lugar no tenía que
ser forzosamente una habitación, tal como ocurrió en la mezquita
cordobesa, ya que en ocasiones se situaba en un templete elevado
sobre columnas, colocado en medio del patio, como de hecho
todavía puede contemplarse en la Mezquita Omeya de Damasco.
El juez mayor o cadí era en teoría el responsable último que
velaba por la utilización lícita de los bienes y dineros depositados
en dicho tesoro.

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