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«El techo de toda la Iglesia, siendo de madera y labrado y pintado de diversas maneras,
tiene una riqueza increíble, como se ira entendiendo en lo siguiente. La madera es toda
de alerce, y es como pino, mas muy oloroso, que solo lo hay en Berbería, y desde allá se
truxo por la mar. Y las veces que han derribado algo de la iglesia para nuevos edificios
ha valido muchos millares de ducados la madera del despojo, para hacer vihuelas y otras
cosas delicadas.»
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Estas palabras dejó
por escrito el cronista Ambrosio de Morales en 1577 al contemplar
la techumbre de la Mezquita-Catedral de Córdoba. Son muy elocuentes
para que nos podamos hacer una idea de su magnífica riqueza
y de cómo su madera era valorada e incluso vendida para la
realización de instrumentos musicales.
Su antigüedad dificultó
su conservación, y el paso de los años produjo su desaparición.
En el siglo XVIII
se desmontó la techumbre y se sustituyó por bóvedas barrocas
de yeso, pero afortunadamente quedaron testigos de cómo era.
En la segunda mitad del siglo XIX,
el arquitecto diocesano Rafael de Luque y Lubián, primero,
y el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, después, descubrieron
varias vigas y tableros de los techos originales, algunos
incluso con restos de policromía. Gracias a ello Velázquez
Bosco, con gran minuciosidad y talento, tal como puede comprobarse
en las memorias de restauración y preciosos dibujos que él
mismo elaboró, pudo reconstruir parte de la techumbre a lo
largo de las dos primeras décadas del siglo XX, lo que nos ha permitido volver a contemplar
el ambiente omeya de la mezquita en todo su esplendor.
La decoración de las
vigas y tableros presenta motivos vegetales atauriques
y geométricos, así como de cintas o lazos que al entrecruzarse
compartimentan toda la superficie creando bonitos y complejos
ritmos. Aunque hoy contemplamos en muchas ocasiones los edificios
antiguos de forma aséptica e incolora, no podemos olvidarnos
del protagonismo alcanzado por los colores en la mezquita
cordobesa, desplegados en sus columnas o mosaicos, y por supuesto
en su techumbre donde encontramos trazos negros destacados
sobre fondos rojos, así como la intensa utilización del oro,
el azul o el verde.

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