La zona del mihrab es la más emblemática de la ampliación
de al-Hakam II. Lógicamente dada su importancia simbólica
debe ser la zona más rica de toda la mezquita. Desde este
punto se dirige la oración y frente a él se dispone
la macsura o lugar reservado al califa y su séquito. Además,
junto al mihrab se encuentra la Sala del Tesoro o Bayt al-mal, la puerta del sabat o pasadizo que
comunica con el alcázar califal y, por supuesto, el almimbar
o púlpito desde el cual se realizará la jutba,
o sermón del viernes, a la comunidad. |
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La fachada del mihrab
y la cúpula que le precede al mihrab constituyen la parte
más preciosa del edificio, ante la exuberancia ornamental
que aquí se concentra, gracias al espectacular despliegue
de mosaicos, cerámica, celosías, placas de mármol talladas
con máxima exquisitez, pantallas de arcos entrecruzados, pinturas,
etcétera. A esto hay que sumar la alternancia cromática
de los soportes y la delicada talla de los elementos arquitectónicos
(pilastras, capiteles, arcos, cornisas, impostas o molduras).
En cuanto a los motivos más repetidos, están
las bellas inscripciones, los motivos vegetales más
o menos naturalistas, más o menos abstractos, así como
las diferentes composiciones geométricas.
El gran arco de herradura
que da acceso al mihrab apoya sobre cuatro columnas, provistas
de sus basas y bellos capiteles, que pertenecieron al mihrab
realizado en el siglo
IX por Abd al-Rahman II en su ampliación.
Estas piezas fueron intencionadamente conservadas por al-Hakam
II para ser después instaladas donde hoy se encuentran,
de ahí su carácter desproporcionado respecto a todo el conjunto.
El mihrab propiamente
dicho presenta planta heptagonal y se cubre por una bóveda
octogonal de yeso que reproduce una gran concha. De nuevo
debe señalarse la riqueza decorativa de este espacio, sus
inscripciones, sus mármoles, etcétera.
Este recinto, que supera
los tres metros tanto en profundidad como en anchura, es único
por su tipología en la arquitectura conservada de los primeros
siglos del arte islámico, pues ninguna de las importantes
mezquitas de Damasco, Jerusalén o Qayrawan presentan un mihrab
tan monumental como el cordobés (en todas ellas se
reduce a un simple nicho). Gracias a las excavaciones realizadas
por Félix Hernández, sabemos que la solución adoptada en la
ampliación de al-Hakam II tuvo su precedente (en planta al
menos) en el anterior mihrab de la Mezquita de Córdoba, aunque
de menores dimensiones, realizado por Abd al-Rahman
II.

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