La macsura Volver al índice
 


Este espacio reservado al califa suele encontrarse junto al mihrab y el almimbar de la mezquita. Se trata de un elemento que no existía en la casa del Profeta en Medina. Fue introducido por los califas omeyas en Oriente hacia comienzos del siglo
VIII y su función principal era aislar al soberano del resto de los fieles y protegerle de posibles atentados. Al principio era tan sólo un recinto de madera, pero a menudo encontramos que en esa parte de la mezquita, la más importante por situarse junto al mihrab y por estar asociada al príncipe, se construía una gran cúpula.

Macsura. (Pulse en la imagen para ampliarla).

Según las crónicas árabes fue Muhammad I en el año 873 quien instaló la primera macsura en la Mezquita de Córdoba. Estaba hecha de madera y tenía tres puertas, una de ellas reservada al emir. La segunda macsura fue instalada en 966 por al-Hakam II en su ampliación. En este caso la macsura adquirió un carácter verdaderamente monumental. El espacio no sólo se delimitó con una celosía de maderas preciosas sino que, además, se construyeron unas pantallas arquitectónicas de arcos entrecruzados y tres cúpulas, situadas delante del mihrab, de la puerta del sabat y de la puerta de la Cámara del Tesoro. La ornamentación más exuberante de la mezquita corresponde también a ese ámbito: la cúpula central, de arcos entrecruzados, está cubierta de mosaicos. Entre los motivos que la decoran, figura en su centro una esfera celeste, con estrellas y rayos luminosos, rodeada de ricos motivos vegetales que más parecen joyas y coronas. Se trata de una imagen simbólica del poder divino, cuyo representante en la Tierra es el califa.

Aunque el soberano cordobés podía acudir en cualquier momento a rezar a la mezquita aljama, lo más normal es que sólo lo hiciera para la plegaria principal de los viernes a mediodía. Llegaba acompañado de su séquito y de los altos dignatarios del Estado, visires, chambelanes y consejeros, así como de los cadíes, los jefes de la policía y el zalmedina o jefe de la ciudad. Todos ellos tenían acceso a la macsura para realizar la oración junto al emir o califa. Mientras duraba la oración las puertas quedaban cerradas y protegidas. En la Crónica negra relatamos un suceso relacionado con la macsura.

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