Las inscripciones Volver al índice
 

Las inscripciones que decoran muros y puertas de la Mezquita de Córdoba son de dos tipos. Unas son de contenido religioso y reproducen versículos del Corán. Otras sirvieron para conmemorar la realización de una obra. Estas últimas son muy valiosas porque nos informan de muchos detalles: indican qué tipo de obra se había realizado, el soberano que ordenó los trabajos, los nombres de los supervisores, los directores y ,a veces, los artesanos de la construcción, así como la fecha en que se terminó.

Inscripciones en la fachada del mihrab. (Pulse en la imagen para ampliarla).

En cuanto a las religiosas, contienen frases del Libro Sagrado escogidas cuidadosamente. Su función era exhortar a los fieles a tener fe en Dios, a hacer el bien, a rechazar todas las desviaciones (precisamente en un momento en que la ortodoxia religiosa y el poder omeya se sentían en amenazados) y, sobre todo, a respetar al califa como guía supremo de todos los musulmanes, pilar del Islam y representante de Dios en la Tierra. Todas las inscripciones, sean religiosas o fundacionales, comienzan con una alabanza a Dios, la Basmala: «En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso». Están escritas en árabe con un tipo de letra llamado «cúfico», que por su simplificación es el más idóneo para los epígrafes.

Inscripciones en el interior del mihrab. (Pulse en la imagen para ampliarla).La mayor parte de las inscripciones conservadas corresponden a las obras ordenadas en el siglo X por los califas ‘Abd al-Rahman III, que reforzó la fachada del oratorio al patio, y al-Hakam II, que amplió la mezquita. Las más bellas son las realizadas en mosaicos en la cúpula central de la macsura y sobre las fachadas del mihrab, de la puerta del sabat y la de la cámara del tesoro.

Otras están labradas en piedra o pintadas y figuraban en la nave central, en la arquería paralela al muro de la alquibla, en el interior del mihrab o en las puertas exteriores.

Citaremos la que recorre el zócalo del interior del mihrab:

«En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. ¡Observad las oraciones y estad con devoción ante Dios! El imán al-Mustansir bi-Llah, siervo de Dios, al-Hakam, Príncipe de los Creyentes, ¡Dios le beneficie!, mandó, con la ayuda de Dios, erigir este mihrab y revestirlo de mármol, anhelando abundante recompensa y excelente lugar de reposo en la otra vida. Y se terminó aquello bajo la dirección de su liberto y chambelán Ya‘far ibn ‘Abd al-Rahman, ¡Dios esté satisfecho de él!, con la inspección de Muhammad ibn Tamlij, Ahmad ibn Nasr y Jald ibn Hashim, jefes de la policía, y de Mutarrif ibn ‘Abd al-Rahman, el secretario, sus siervos, en la luna de du-l-hiyya 354 (diciembre de 965). Quien se somete a Dios y hace el bien se agarra al asidero más firme. El fin de todo es Dios».

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