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podíamos dejar de hablar del libro sagrado de los musulmanes:
El Corán. Su propio nombre hace alusión en árabe a qur'an,
que significa «recitación», y en sentido amplio a «la
recitación del texto sagrado». Se trata de un texto revelado,
es decir dictado por el propio Dios Alá y
transmitido a los hombres por un profeta Mahoma.
Las palabras de Mahoma, al margen del Corán propiamente
dicho, también tuvieron para los musulmanes un gran valor
y constituyen lo que se denomina Hadiz o Tradición.
El texto del libro sagrado fue fijado por el califa Utmán,
unos veinticinco años después de la muerte del propio
Profeta, la cual sucedió en el año 632. |
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En lo que se refiere
a la Gran Mezquita de Córdoba, también debemos recordar
el importante ejemplar del Corán que allí había. Los cronistas
nos hablan de él, de su gran tamaño, y de cómo era guardado
en la sala del tesoro que se encuentra a la izquierda del
mihrab, de donde era sacado todos los viernes para que lo
pudiera leer el imán. Era un libro mítico que se supone contenía
páginas manchadas de sangre del Corán del propio califa Utmán
(644-656), que murió asesinado.
El gran cronista del
siglo XII
al-Idrisi, al describirnos la mezquita cordobesa, nos habla
de este libro que vio en la Sala del Tesoro o Bayt al-mal:
«En este lugar hay un ejemplar del Corán que
debido a su peso es llevado por dos hombres. Tiene cuatro hojas del ejemplar que escribió
Utmán ben Affan de su propia mano y que manchó con gotas de su sangre ¡que Alá
le sea favorable! Este Corán es sacado de donde se guarda la mañana de cada
viernes: dos hombres, que forman parte de los oficiales de la mezquita, están encargados
de sacarlo, precedidos de un tercero que porta un cirio. Está cubierto de un relieve de
trabajo original, cincelado de una forma muy de destacar, la más delicada y la más
fabulosa que pueda haber. En el lugar donde se hace la oración se encuentra un atril
sobre el que se lo coloca; el imán hace la lectura acostumbrada de una mitad de una
sección de (hizb) del Corán, después se devuelve a su lugar habitual.»
Fue una reliquia de gran importancia
para los musulmanes, y su tenencia fue muy codiciada tras
salir de la mezquita cordobesa en el siglo XII. Viajó al lado de importantes soberanos almohades y benimerines
en diversas batallas. Estuvo en la mítica batalla del Salado
ganada por las tropas cristianas en 1340, y desde allí fue
llevado por los vencedores a Portugal, donde pudo posteriormente
comprarlo el rey de Tremecén.

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