|
Una vez que el almuédano hacía la primera llamada a la oración del mediodía del
viernes, los cordobeses paralizaban su actividad, cualquiera que fuese, y se disponían a
acudir a la mezquita, haciendo previamente las abluciones si no estaban en estado de
pureza ritual. La segunda llamada del almuédano indicaba que la oración iba a comenzar.
Al llegar a la mezquita, los fieles se descalzaban y entraban en las naves, iluminadas por
lámparas y candiles. Después, se colocaban en filas paralelas mirando al muro de la
alquibla y esperaban a que el imán, situado junto al almimbar, delante del mihrab,
iniciara los rezos y a que el jatib pronunciase el sermón. Junto al imán solía
colocarse el ejemplar sagrado del Corán y un gran candelabro con un cirio. El soberano
entraba en la mezquita sin ser visto, a través del sabat, y se instalaba en el
interior de la macsura. La oración musulmana consiste en la repetición de una serie de
fórmulas religiosas acompañadas de unos movimientos determinados llamados rakas.
Para que todos, incluidos los fieles que se encontraban en el patio o incluso en el
exterior del recinto, escuchasen al imán e hiciesen la oración al mismo tiempo que él,
se colocaban en las puertas unas personas que repetían sus palabras y sus gestos.
|