Al-Hakam II (961-976) Volver al índice
 


Al-Hakam II continuó la labor de su padre ‘Abd al-Rahman III en la construcción del Estado califal. Al-Andalus era, a mediados del siglo
X, una potencia mediterránea cuyo único enemigo fuerte era el Egipto fatimí. A la capital llegaban embajadas de Bizancio, de los emperadores otónidas, de los reinos cristianos del norte de la península, de los jefes beréberes del Norte de África. En sus puertos comerciales se intercambiaban mercancías de todo tipo y origen. Córdoba y, en menor medida, otras ciudades andalusíes eran grandes centros culturales y artísticos.

Manuscrito de la famosa bibliotaca de al-Hakam II, conservado en la Biblioteca de la Mezquita al-Qarawiyyin de Fez. (Pulse en la imagen para ampliarla).

Al-Hakam era una persona erudita y amante de los libros. Su biblioteca fue una de las mayores conocidas en la Edad Media. Durante la construcción de la ciudad palacio de Madinat al-Zahra’, comenzada por su padre, el todavía príncipe se encargó de dirigir los trabajos. Después, siguiendo el programa constructivo de aquél, que había levantado un nuevo alminar y ensanchado el patio, al-Hakam, ya como califa, emprendió una nueva ampliación de la mezquita aljama de Córdoba. Para ello reunió a los arquitectos cordobeses y fue con ellos hasta la mezquita para trazar los detalles de la construcción. Dicen los cronistas que algunos alfaquíes pidieron que se aprovecharan las obras para corregir la orientación de la alquibla, demasiado al sur. Las gentes de Córdoba se opusieron porque aquello significaba romper con la tradición, así que al-Hakam respetó la dirección de la venerada mezquita de ‘Abd al-Rahman I. Cuentan igualmente esos textos que, una vez acabada la ampliación, las gentes de Córdoba, al ver tanta riqueza, se negaron a entrar en ella a rezar. Sospechaban que se había utilizado dinero de procedencia ilícita en su construcción. Al-Hakam tuvo que jurarles junto a la alquibla que sólo había usado el quinto del botín tomado a los cristianos, como habían hecho sus predecesores. Para el mantenimiento del edificio, el califa hizo también numerosas donaciones.

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