Escenas de vida diaria Volver al índice
 
La mezquita era un lugar completamente integrado en la vida de la ciudad en el siglo X, no sólo porque en ella se desarrollaban actividades como la enseñanza o la justicia, sino por un sinfín de escenas cotidianas que la convertían en un espacio urbano más. No era extraño encontrar en su interior mendigos que pasaban entre los fieles para pedir unas monedas, distrayéndoles en sus oraciones.

Recreación de una escena cotidiana en los alrededores de la Mezquita de Córdoba (detalle de un dibujo de M. Sobrino). (Pulse en la imagen para ampliarla).

O vendedores que se instalaban en los alrededores de la mezquita, en sus puertas o incluso dentro de ella, aunque en teoría estaba prohibido porque la ensuciaban. Desde sus puertas los almuédanos llamaban a las gentes para los funerales. Los aguadores la recorrían con su cantinela y hasta los charlatanes se colaban a veces con su algarabía. La mezquita acogía igualmente a los forasteros, los únicos que tenían permiso para pasar la noche en su interior. No obstante, siempre era posible encontrar en la sala de oración un rincón en paz y en silencio donde meditar y leer el Corán, reposarse del ajetreo diario o refugiarse del calor o de la lluvia. En cualquier caso, todo ese ir y venir se paralizaba los viernes a mediodía para respetar la oración comunitaria. Antes de comenzar, el personal de vigilancia y de limpieza de la mezquita se encargaba de echar a vendedores y pordioseros, de impedir cualquier actividad y de limpiarla. Cuando el imán pronunciaba las plegarias y el sermón reinaba la calma y el silencio, algo que ocurría no sólo en la mezquita sino en toda la ciudad.

Subir