| Las
mujeres también acuden a la mezquita para la plegaria
de los viernes a mediodía y a la que se celebra en las
grandes fiestas religiosas. Según los ulemas y los alfaquíes,
los sabios en materia de religión, no es recomendable
que las filas de las mujeres y las de los hombres se mezclen.
De acuerdo con la Tradición, el profeta Mahoma dijo: «Alejad
el aliento de los hombres y de las mujeres». Por eso éstas
suelen situarse detrás de los hombres. Así, en la mezquita
cordobesa las mujeres rezaban en unos espacios reservados
situados en las galerías del patio o en las naves extremas
de la sala de oración. |

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Para entrar utilizaban asimismo unas puertas
determinadas. Seguramente esos lugares estaban acotados mediante celosías de madera,
preservándolas de las miradas de los hombres. Esto hacía que dichos recintos fueran
particularmente discretos por lo que también eran usados, cuando no estaban ocupados por
ellas, para labores de enseñanza o de retiro espiritual.
Las mujeres en todo caso participaban activamente
en la vida religiosa y cultural de la ciudad. Las de posición social más alta hacían
numerosas obras piadosas, entre las que estaban la fundación de mezquitas de barrio,
hospitales o escuelas. Había muchas dedicadas al estudio, incluso a la enseñanza, y a
hacer copias del Corán, donando después los manuscritos a las mezquitas. Con frecuencia,
tras la oración, las mujeres se acercaban hasta los cementerios para rezar sobre las
tumbas de sus familiares.

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