Inauguración de una de las ampliaciones
de la Mezquita de Córdoba
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Probablemente en torno al año 855, poco después de la muerte de su padre, el emir ‘Abd al-Rahman II, Muhammad I (852-886) hacía una visita a la Mezquita de Córdoba para supervisar el resultado de las obras de ampliación y darla por inaugurada oficialmente. Aunque el grueso de los trabajos se había concluido algo antes, pues ya se celebraban las oraciones de los viernes desde 848, en estas fechas se hacían los últimos retoques en la decoración (por ejemplo en la puerta hoy llamada de San Esteban). La sencilla ceremonia nada tiene que ver con las fastuosas consagraciones de las catedrales cristianas. Aquí fue un acto casi íntimo, reservado únicamente al soberano y a su entorno más cercano, los oficiales eunucos y el encargado de dirigir las oraciones comunitarias. Su contenido religioso se reduce a una plegaria del emir. Así nos la cuenta Ibn Hayyan: Columna de la ampliación de Abd al-Rahman II. (Pulse sobre la imagen para ampliarla).

«Una vez se terminaron las obras en su mezquita, el emir Muhammad tomó su montura en el alcázar junto con los más importantes de sus servidores, los más distinguidos de sus visires y los más destacados de la gente de su reino, y se dirigió a la aljama para examinar sus trabajos. Salió a lomos de una mula con la cabeza enjaezada, y en lo alto de su vestido llevaba una toca blanca; desmontó y entró por la puerta norte del alminar. Mandó después cerrar las puertas de la aljama y no entraron con él nada más que a sus grandes fatás eunucos y Muhammad b. Ziyad, el jefe de la oración. Revisó la construcción, se dio una vuelta por toda la mezquita para verla y consideró que se había hecho todo conforme a su voluntad. Avanzó hacia el mihrab y rezó allí, después salió y se dirigió a su alcázar.»

Noticia de IBN HAYYÂN (m. Córdoba, 1076),
extraída del final de la segunda parte de Muqtabis.

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