| Al iniciar nuestra
visita a la Mezquita-Catedral de Córdoba, lógicamente por su parte más antigua, que es
la de Abd al-Rahman I, nos llamará la atención la desigualdad que existe entre los
fustes de columnas, capiteles y otros elementos constructivos (cimacios y basas
principalmente), y nos resultará muy difícil poder encontrar dos piezas iguales. |

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Ello se debe a que se utilizó material de
acarreo, es decir procedente de edificaciones de los siglos anteriores (I-VII), tanto
romanas como hispanovisigodas.
Una vez más no nos hallamos ante un hecho
único, ya que fue muy común la utilización de piezas constructivas pertenecientes a
arquitecturas antiguas en los nuevos edificios. Las grandiosas obras del mundo romano,
presentes en toda la cuenca del Mediterráneo, se convirtieron en magníficas canteras
durante siglos. La reutilización de sus ricos materiales no sólo debe estudiarse en un
sentido estrictamente funcional, que sin duda existió, o como expresión del sometimiento
de un territorio, ya que además dicha práctica fue considerada como símbolo de
prestigio por todos los gobernantes, independientemente de su fe religiosa, pues a su
manera intentaban emular una mítica romanidad, de la que se sentían herederos.
Tanto cristianos como musulmanes tuvieron un comportamiento muy similar al respecto, y
así en los siglos VII, VIII, y sucesivos, en las grandes mezquitas de Damasco,
Jerusalén, Qayrawan o Córdoba, etcétera o en la emblemática Capilla Palatina de
Carlomagno en Aquisgrán, se recurrió a la utilización de bellos mármoles romanos.
Pasaron los años y las etapas constructivas se
fueron sucediendo en la gran mezquita aljama cordobesa. Fustes, capiteles, cimacios,
etcétera, visigodos o antiguos, se siguieron utilizando con gran profusión en la
ampliación de Abd al-Rahman II en el siglo IX.
Posteriormente esta
práctica disminuye y llegará incluso a desaparecer, al elaborarse
en los talleres califales todo el material constructivo necesario;
reflejo en última instancia de un Estado fuerte, estable y
perfectamente organizado. Después asistiremos a un proceso
similar al descrito, y este mismo material califal será reutilizado
tanto en obras islámicas como cristianas durante las centurias
siguientes.

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