| Abd
al-Rahman fue el primer emir omeya de al-Andalus. Llegó
a la Península Ibérica en el año 755, donde pudo al fin
establecerse. Había escapado en 750 de la matanza de su
familia en Damasco por los partidarios de los abbasíes,
los nuevos califas instalados en Bagdad. Cuando llegó
aquí, el territorio estaba gobernado por delegados del
califa de Oriente. Junto a la población local, aún mayoritariamente
cristiana, estaban los componentes del ejército musulmán,
árabes y beréberes. |
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Abd al-Rahman desembarcó en la costa
granadina, y después de ganarse el favor de las tropas y vencer algunas resistencias, fue
reconocido emir de al-Andalus. Córdoba era por entonces la capital y en su mezquita
aljama, un edificio pequeño y modesto, la vieja basílica visigoda, fue reconocido por el
pueblo como imán o guía religioso de la comunidad. El flamante emir omeya no podía, sin
embargo, someterse a los califas abbasíes de Oriente, aquéllos que habían matado a su
familia y le habían arrebatado el califato. Por eso se declaró emir independiente. El
siguiente paso era construir su propio Estado y, cómo no, fundar una gran mezquita aljama
en la capital, símbolo del renacimiento de su dinastía y lugar de oración de todos los
musulmanes de Córdoba. La añoranza de Damasco siempre estará presente en las acciones
de Abd al-Rahman I, hasta el punto, cuentan las crónicas, de construir una almunia
o residencia en el campo que llamó Rusafa, como la de Siria, y donde plantó una palmera
para que le recordara su lejana tierra. Murió en 788, tras lo cual subió al trono su
hijo Hisham I.

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