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La
luz espiritual
La idea del jardín,
a lo largo de la Historia, siempre ha estado vinculada a la visión
de un lugar idílico y rebosante de paz, generalmente localizado
en el Más Allá, en el que fluyen ríos y arroyos, y en el que crecen
abundantes flores y árboles. El Paraíso persa del Avesta, el Edén
bíblico del Génesis, el Paraíso, o Cielo evangélico, todos conforman
un concepto de Jardín Espiritual.
En el mundo islámico
el Paraíso espiritual accesible al creyente en la otra vida, se
compartimenta en siete Paraísos, o Jardines (Yannat) en escala.
La ascensión del alma del piadoso musulmán, por esas diversas etapas,
configura la máxima purificación y perfección del espíritu, y sólo
los místicos de almas selectas, se encumbran con su esfuerzo espiritual
hasta alcanzar el Último Jardín.
La Luz, o Nur de Alá
aludida en el Corán, incide de forma especial en estos Jardines,
otorgándoles forma y relieve y derramando sobre ellos su bendición:
Alá es la
luz de los Cielos y de la Tierra.
Los Jardines
del Paraíso en el Corán
El libro sagrado de
los musulmanes contiene abundantes referencias a los Jardines del
Más Allá:
Quienes
obedezcan a Alá y a Su Enviado,
Él
les introducirá en Jardines
regados por aguas vivas,
en los que morarán eternamente.
Corán (sura 4, aleya 13)
Así, en los Siete
Jardines espirituales hay multitud de ríos y fuentes, y gran
cantidad de árboles con cien variedades distintas de frutas en cada
uno. Entre ellos aparecen la palmera y el granado, «tan grandes
y hermosos que nadie los podría describir». Un caballo al galope
tardaría cien años en salir de la sombra del banano, mientras que
la hoja del azufaifo podría cobijar a toda la comunidad de los creyentes.
De acuerdo con la tradición
islámica, al probar uno de los frutos del Paraíso se degustará el
sabor de todos los más deliciosos de este mundo.
El Primer Paraíso
de la espiritualidad islámica es el Jardín de Adán (Yannat ‘Adan), o Jardín del Edén, donde según la escatología musulmana
fue creado Adán. En esta primera etapa de bienaventuranza hay un
pleno disfrute del alma en relación a la naturaleza, pues, de acuerdo
con la tradición islámica, la parte oriental de este Jardín está
completamente repleta de árboles, que ofrecen una frondosa sombra.
Por este Jardín fluyen cuatro grandes ríos caudalosos: el Nilo,
el Éufrates, el Tigris y el Amu-Darya.
El Jardín del Edén
islámico es el homónimo del Paraíso Terrenal, o Edén bíblico. En
hebreo, edén significa ‘delicia’, por ello se ha traducido el Gan-
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CAMPIÑA EN FLOR |
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FRUTAL EN FLOR |
Eden
que rememora el Génesis, como Jardín de las Delicias.
De estos cuatro ríos del Jardín del
Edén (Yannat `Adan), nacieron, según la tradición,
los que, con igual nombre, fluyen por la Tierra. El Nilo, mientras
discurre por el Jardín, es de miel y se sitúa en Oriente. El Éufrates
es de leche y fluye por el Oeste del Edén, mientras que el Tigris
(al-Diyla) es de agua y se sitúa en el Norte. Y por último
el Yayhun, es de vino y discurre por el Sur. En la Tierra
este río recibe el nombre de Amu-Darya y atraviesa Afganistán y
la región de Turkmenistán. La miel, la leche, el agua y el vino
de los que están formados, son de naturaleza diferente a los conocidos
en la Tierra.
Estos ríos paradisíacos,
según la tradición islámica, son «hermosos, transparentes, claros
y de una amplitud maravillosa». En cada una de sus orillas se elevan
las montañas del Paraíso, todas ellas de zafiro. Están destinados
a producir el bienestar de las almas de los bienaventurados.
En el centro del Séptimo
Paraíso islámico o Jardín (Yannat al-na`im)
crece el árbol celestial Tubà, cuyas
ramas recitan constantemente las suras del Corán, según la mística
sufí. Es árbol de gran envergadura, «árbol de la alegría y del deleite».
El pie del árbol es de rubí; la tierra donde está plantado, de almizcle
y ámbar; las ramas, de esmeralda; las hojas son de brocado; las
flores, de oro, y sus frutos, «más blancos que la nieve», son como
perlas. La hierba en torno a él exhala un gratísimo perfume.
Es éste el Árbol de
la Vida espiritual, que sólo alcanzan a ver los Elegidos que logran
ascender al Séptimo Jardín, en la antesala de la contemplación mística
de Alá.
El
Jardín del Edén en la Biblia
Anteriormente
al Corán, el Génesis ya recogía la tradición bíblica del Jardín
del Edén, que se corresponde al Primer Paraíso musulmán. Su descripción
es similar a la islámica:
Plantó Dios un
jardín en Edén, al Oriente, y allí puso al hombre a quien formara.
Hizo brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos
a la vista y sabrosos al paladar, y en el medio del jardín el
árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.
Salía del Edén un río que regaba el jardín y de allí se partía
en cuatro brazos. El primero se llamaba Pisón... el segundo se
llamaba Guijón... el tercero Tigris... el cuarto Éufrates.
Génesis (2, 8 a 14)
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