Verdaderos
eremitorios de los placeres, último asilo de la cansada vida (...)
Jardín eterno, muestra y vestigios, que aún nos quedan, del paraíso,
en muy pocos lugares privilegiados sobre la tierra. (Chateaubriand)
Un carmen viene a representar una
casa con huerto. Deriva de la palabra árabe karm (‘jardín’
o ‘viñedo’). Se trata de un tipo de vivienda típicamente granadino,
autóctono de la colina del Albaicín y exportado a otros granadinos
barrios, como el Realejo por ejemplo. Nació a partir de la expulsión
de los moriscos, puesto que en solo dos años, de 1568 a 1570, el
Albaicín pasó de ser populoso barrio a barrio en ruinas.
El carmen tradicional está condicionado
por su desarrollo en ladera, espacio habitable bastante reducido
y la presencia agrícola en sus límites. Por lo general, no se trata
de una finca de lujo, sino de una pequeña finquita utilitaria. Un
minifundio ajardinado. Consiste en un conjunto de terrazas o paratas
que ascienden o descienden, muchas veces sombreadas con parras,
enredaderas y arbolado para mitigar los rigores del sol.
El carmen tiene algo de jardín y algo
de huerto, pero no es únicamente huerto, ni únicamente jardín. En
él las flores se entrelazan con las hortalizas en armonioso maridaje.
Los árboles que dan tridimensionalidad al conjunto no desempeñan
únicamente una función ornamental. Decoran, dan sombra y frescura,
y, al tiempo, producen óptimo fruto deleite de vista y paladar.
En el carmen se aspira el penetrante perfume de las azucenas, de
las rosas, los
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VISTA DEL ALBAICÍN CON SUS CÁRMENES
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PUERTA DEL CARMEN DE LA MEDIA LUNA
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jazmines, los claveles,
los nardos, los alhelíes, la madreselva, el galán de noche; y al
mismo tiempo, se recogen granadas, ciruelas, higos, albaricoques,
fresas.
Los cármenes situados
en el Albaicín alto están dispuestos en paratas, ofrecen una línea
movida y dan lugar a perspectivas únicas en la actualidad. Los emplazados
en la parte del Albaicín procuran seguir la norma y se distribuyen
en dos o tres terrazas. Por el suelo de los cármenes discurren mínimos
arroyuelos que, cuando el terreno presenta desnivel, imitan minúsculas
cascadas; pero que, en terreno llano, marchan mansamente con suave
murmullo, la música de la naturaleza transformada. Van a llegar
a una pétrea alberca, espejo donde se miran las plantas; o brincan
por los saltadores de las fuentes, compitiendo con el melódico trino
de ruiseñores, auténticos señores del carmen.
Decía Santiago Rusiñol:
«¿Qué son los cármenes de Granada? Lo más sencillo sería decir que
son jardines, huertos y cercados de recreo; pero esta definición,
sobre ser cómoda, sería incompleta... Los cármenes de Granada no son
románticos, ni primitivos, ni modernos. Tienen su carácter heredado
de los árabes, su tradición propia y su propio estilo».

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