|
«Ainadamar» designó un enclave (pago)
privilegiado de cármenes y huertos, que ocupaba básicamente una
de las laderas del Albaicín. El hecho de que tan bello topónimo
haya quedado en la oscuridad de la memoria colectiva está marcado
por la construcción de la Cartuja, a comienzos del siglo
XVI. La
misma suerte, o parecida, en diverso grado, han seguido nombres
de otros pagos colindantes o próximos que con Ainadamar conformaban
una amplia zona de cármenes y huertos con olivares.
A mediados del siglo
XIV, el viajero Ibn Batuta escribía que
«uno de los más lindos sitios de la ciudad
es aquel que llaman la Fuente de las Lágrimas (Ayn al-dam):
es una montaña en la que se ven los huertos y jardines; ninguna
otra ciudad se puede alabar de nada semejante». Por su parte, Ibn
al-Jatib, también en esa centuria, describe Ainadamar como un lugar
«delicioso con suavísimo y templado ambiente, huertos placenteros,
numerosos alminares y casas de sólida construcción, plantíos de
yerbas aromáticas y otras delicias».
Tras la reconquista de Granada, la
zona de Ainadamar aún siguió conservando buena parte de los atractivos
que la habían hecho famosa en tiempos de la dinastía nazarí, atractivos
que luego se van perdiendo de manera paulatina.
Los elogios del embajador veneciano
Andrés Navagero en 1526 no son menores: refiriéndose al monasterio
de Cartuja (pues no nombra Ainadamar) dice estar edificándose en
uno de los «sitios más bellos y alegres que pudieran encontrarse;
tiene hermosas vistas y es lugar retirado del concurso de
|

PILA DE MÁRMOL (DEL MUSEO DE LA ALHAMBRA)
|
|
 |
|

ACEQUIA REAL
|
la gente, pero muy
apacible, verde, lleno de fuentes y arrayanes». Luego, constata
el veneciano la laboriosidad de los moriscos, habitantes casi exclusivos
de la zona.
A finales del siglo
XVI, Luis de Mármol Carvajal, tampoco se ha olvidado de la zona
de Ainadamar: «Con el agua de la fuente de Alfacar, se recogen los
moradores en una acequia y la llevan por las laderas y cumbres de
los cerros que hay desde allí a Granada, se riegan las huertas y
hazas de Alfacar, Víznar y Mora, y buena parte de las viñas de la
Vega y los cármenes y jardines de Ainadamar».
En el primer cuarto del siglo
XVIII,
Francisco Enríquez de Jonquera alude también a la zona: «En Dinamar
el carmen del provisor es de grande nombre, frecuentado de mucha
gente. La casa y carmen de los Padres de la Compañía en el mismo
paraje es el deleite santo y honesto para la vida humana».
En 1634-35 concluía su poema Granada
el gongorino don Agustín Collado del Hierro: «Cristal el agua es,
oro la arena, / esmeraldas la orilla, el canal plata / (...) la
beldad de los árboles retrata, / que mira, cuando, con süaves lazos,
/ se prestan frutos o se dan abrazos».

|