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Actos culturales

  El jardín andalusí

  Jardines de la Córdoba califal

 
 

 

Mejor conocidos nos resultan los jardines de Medina Azahara (Madinat al-Zahra’), la ciudad palatina cuya construcción inició Abd al-Rahman III hacia 936. Su hijo, al-Hakam II (961-976), prosiguió las obras, que se prolongaron a lo largo del siglo X. El palacio, situado a los pies de la Sierra de Córdoba, aprovechaba el desnivel del terreno para organizarse en tres terrazas. Se trataba de un escalonamiento no sólo físico, sino también simbólico, puesto que los diferentes ámbitos palatinos se ajustaban a una rígida jerarquía que situaba en la cumbre la residencia califal y los salones de aparato.

Era éste un esquema seguido por los califas abbasíes en sus palacios de Samarra (Irak) y que los ingenieros de Abd al-Rahman III imitan, un fenómeno de emulación que se repetía en otros campos como la cultura, la administración o incluso el ceremonial. Una compleja red de canalizaciones aseguraba el abastecimiento de agua y el saneamiento del conjunto urbano y palatino. Las mismas tuberías de plomo que distribuían el agua a las residencias y baños la hacían llegar a las numerosas albercas y fuentes para irrigar los jardines. Se han conservado algunas de las innumerables pilas y surtidores del palacio.

En la terraza superior encontramos las estancias privadas del califa, la Dar al-Mulk o Casa del Poder, y un salón de recepción llamado Casa Militar o de los Visires. Ante ella se extendía una enorme explanada pavimentada, llamada por las fuentes Azotea brillante, que servía para algunas ceremonias. Por debajo de ésta, en la terraza intermedia, se alzaba un segundo salón de aparato, el llamado Salón Rico o de Abd al-Rahman III, verdadero centro del ceremonial califal, construido entre 953-957. Su estructura es similar al ya citado, una planta de tipo basilical con tres naves y un pórtico, pero su riqueza decorativa es mucho mayor. Ante él se extendía un extenso jardín, el Jardín Alto, del cual tenía una visión privilegiada como queda recogido en las fuentes árabes que aluden con insistencia al salón Oriental «que dominaba el jardín maravilloso».



CÓRDOBA. MADINAT AL–ZAHRA‘. PLANTA
DEL ÁREA EXCAVADA POR ANTONIO ALMAGRO:
A.
AZOTEA (1. CASA DEL EJÉRCITO O DE LOS VISIRES);
B.
JARDÍN ALTO (2. SALÓN ORIENTAL O DE ABD AL–RAHMAN III; 3. PABELLÓN DEL JARDÍN); C. JARDÍN BAJO
(4. SALÓN OCCIDENTAL); D. CASA DE LA ALBERQUILLA
(5. SALÓN DE LA CASA DE LA ALBERQUILLA)

Casi en el centro de este Jardín Alto se levantó un pabellón, o quiosco, rodeado de cuatro albercas, la mayor de las cuales era situada al norte, en la que se reflejaba el Salón Rico. Ese efecto especular se duplicaba en el propio pabellón, ya que éste reproducía la estructura, tres naves con pórtico, y la lujosa decoración del Salón (fustes rojos y negros con capiteles de mármol blanco, paneles labrados cubriendo sus muros). El jardín se sitúa sobre una plataforma reforzada con contrafuertes, lo que ha llegado a ser relacionado con la idea de los Jardines Colgantes de Babilonia.

A un nivel inferior, y a occidente del Jardín Alto, se hallaba un segundo jardín, casi cuadrado y de grandes proporciones, el Jardín Bajo. En su lado norte se localizaba otro salón, el Occidental, que todavía no ha sido excavado pero cuya estructura debió ser similar a los anteriores. Al estar situado a más altura que el jardín, este salón se convertía en un privilegiado mirador. Tanto aquí como en el Jardín Alto se manifiesta una clara intención de disponer los jardines, los pabellones y los salones a modo de compleja escenografía que permitiera el disfrute del paisaje y de la naturaleza desde varias perspectivas.

Los dos grandes jardines, el Alto y el Bajo, responden al tipo de crucero, articulados mediante un andén perimetral y dos andenes que se cruzan en cruz y dividen el jardín en cuatro partes.



CUADRÚPEDO. SURTIDOR DE BRONCE PROCEDENTE DE
AL ÁNDALUS (MUSEO NACIONAL DE BARGELLO, FLORENCIA)



CERVATILLO. SURTIDOR DE BRONCE PROCEDENTE DE
MADINAT AL–ZAHRA‘ (MUSEO NACIONAL DE QATAR)

Son los más antiguos conservados en la Península y los primeros de un prototipo repetido con asiduidad hasta el fin de Al Ándalus. Algunos autores han buscado el origen de ese modelo de jardín en Oriente, en el mundo sasánida de donde pasaría a los palacios abbasíes, o bien en la Antigüedad clásica. En el Jardín Alto las albercas se colocaron en el centro, mientras que en el Bajo éstas se hallaban en los extremos de los andenes. En paralelo a estos andenes, tanto los centrales como los perimetrales, corrían acequias que, con el agua almacenada en las albercas, regaban los cuatro arriates rehundidos respecto a los andenes, a los que se acedía mediante rampas, disposición repetida en los jardines posteriores del occidente islámico.

Estos dos grandes jardines de Madinat al-Zahra’ probablemente tenían un uso tanto privado como público. En las recepciones multitudinarias que el califa celebraba en las grandes fiestas de cada año, los jardines no se citan en el recorrido de los invitados, que llegaban por corredores abovedados, laberínticos y ascendentes, pero sí formaban parte del decorado de dichas ceremonias: desde su trono, situado al fondo de la nave central de los salones, el califa podía dominar (en un doble sentido de contemplación y de autoridad) el paisaje y el jardín situado frente a él.

Una variante de este tipo de jardín de crucero lo encontramos en la llamada Casa de la Alberquilla, una de las residencias más importantes del conjunto palatino, seguramente perteneciente a un alto dignatario de la corte califal y recuperada por R. Manzano. El cuadrado aparece dividido sólo en dos mitades. El andén central y los perimetrales se unen en el lado oeste con una plataforma donde se coloca una profunda alberca, ante la arquería de acceso al salón principal de la casa. En un lado de la alberca se dispone una escalera que permite bajar a su interior y, en el otro, una gran losa de mármol que ocultaba las entradas y salidas de agua y que servía de base a un surtidor en forma de animal. Las acequias paralelas a los andenes regaban los arriates situados a un nivel inferior, con plantas de varias especies. Unas monumentales escaleras comunicaban este jardín privado con una calle alta.

Aunque los análisis de los granos de polen (palinología) no han obtenido resultados concluyentes, sí han revelado la presencia en la ciudad palatina de especies aromáticas, ornamentales o cultivadas con fines culinarios, tales como albahaca, hierbabuena, apio caballar, salvia, orégano, romero o tomillo; también hubo cantueso y espliego, de la familia de las lavándulas (muy frecuentes en los jardines andalusíes y usadas habitualmente en perfumería), árboles frutales, especies florales y  mirto, o arrayán.

A modo de jardín interior, la decoración del Salón y del pabellón del Jardín Alto parece un reflejo de los exuberantes jardines que los rodeaban: un repertorio de motivos vegetales excepcionalmente rico se despliega sobre los paneles de mármol que cubren la parte inferior de sus muros como si de tapices se tratara: un procedimiento novedoso. Son formas frutales y florales más o menos abstractas: hojas de acanto, de roble o de vid, piñas, granadas, palmetas... que se desarrollan de manera asimétrica y diversa a partir de un tronco o tallo central. De los casi 65 paneles conservados parcialmente ninguno repite la composición.

El significado de esa decoración puede estar vinculado precisamente a los jardines descritos. Se trataría de un reflejo especular de la naturaleza exterior, de la misma forma que el propio salón y el pabellón ven reflejadas sus siluetas en la alberca situada entre ellos.

La ilimitada variedad de motivos, parece aludir a la riqueza del vergel paradisíaco. Asimismo, el nombre de muchas de estas plantas coincidía con el nombre de algunos linajes árabes establecidos en Al Ándalus, por lo que su presencia en estos paneles podría ser alusión a ellos. Otra hipótesis las vincula a los planetas y las estrellas, lo que permite hacer una interpretación astrológica al Salón Rico.

 
     


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