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La presencia
de árboles en los patios de las mezquitas de Al Ándalus parece
tener su origen en la propia mezquita mayor de la capital,
Córdoba. Ibn Hayyan, el famoso cronista cordobés del siglo
XI,
dice que el introductor de esta costumbre fue un sirio llamado
Sa‘sa‘ah ibn Sallam, imán de plegarias en Córdoba, ciudad
donde murió hacia 796. Este imán opinaba, en contra de la
opinión de otros alfaquíes, que era lícito plantar árboles
en el patio de la mezquita. Por su parte, Ibn Attab, otro
alfaquí cordobés de prestigio, se oponía a esa plantación
por ser una novedad ilícita y defendía que era mejor cortarlos,
pues de todas las grandes ciudades que él conocía, sólo en
Siria las mezquitas tenían árboles. Respecto a sus frutos,
si existían, debían ser el almuédano y el resto de los servidores
de la mezquita quienes los recogieran. Otros alfaquíes, al
contrario, reclamaban el derecho de todos los fieles a disfrutar
de esos frutos porque éstos nacían de Dios.
En la Mezquita
aljama de Córdoba se sabe de la existencia de palmeras en
el patio poco después de la conquista de la ciudad. Hoy día,
y gracias a plantaciones sucesivas a lo largo de los siglos,
el patio cordobés posee una gran cantidad de naranjos, cipreses,
cinamomos y palmeras. Aunque no se tengan documentados, lo
probable es que, al menos tras la ampliación del patio por
el califa Abd al-Rahman III (s. X),
también se plantasen naranjos o limoneros, los árboles citados
con más frecuencia en los patios de las mezquitas andalusíes.
En todo caso su número sería mucho menor que en la actualidad,
porque hay que tener en cuenta que el patio era también un
espacio destinado a la oración, sobre todo en la masiva congregación
de fieles en la plegaria de los viernes a mediodía. No obstante,
los autores árabes sólo hablan muy ocasionalmente de los árboles
de las mezquitas.
Jerónimo Münzer,
el viajero alemán que recorre España hacia 1495, poco después
de la conquista de Granada, describe los jardines del
patio de algunas mezquitas andaluzas. Desconocemos su disposición,
pero la mención por parte de Münzer de la palabra jardín
hace sospechar que se trataba de algo más que de árboles plantados
en un patio.
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CORÁN DE ÉPOCA OMEYA ENCONTRADO EN LA MEZQUITA DE SANA’A
(CAPITAL DE YEMEN) CON MINIATURAS QUE PODRÍAN ILUSTRAR
LA MEZQUITA IDEAL Y EL JARDÍN
DEL PARAÍSO (EXTRAÍDA DE GRAF VON BOTHMER, 1987)
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CÓRDOBA. PATIO DE LA MEZQUITA
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De la mezquita mayor
de Almería dice: En el centro de la mezquita mayor hay un amplio
jardín plantado de limoneros y de otros árboles, enlosado de mármol,
y en medio de él la fuente en donde los fieles se lavan antes de
entrar al templo. Respecto a la que llama «vasta mezquita» de
Sevilla, dice que su jardín estaba plantado de cidros, limoneros,
naranjos, cipreses y palmeras; el de la aljama del Albaicín de Granada
estaba plantado de limoneros. También tenían jardín las pequeñas
mezquitas de barrio de Granada, como la de San José, que poseía
un enorme olivo cargado de aceitunas. Las mezquitas en uso en Argelia
y Marruecos todavía tienen árboles plantados en sus patios.
Las mezquitas, fuera
de las horas canónicas de oración, eran lugares de descanso, meditación
y oración para los ciudadanos, que podían frecuentar sus naves o
su patio a cualquier hora del día. Se trataba del espacio público
más importante de las ciudades islámicas y en ese sentido el jardín
de las mezquitas se puede considerar también un jardín público abierto
a todo el mundo, un jardín de refugio como el que cita el Corán
(53,15):
Ya
le había visto [a Gabriel] descender en otra ocasión,
junto al azufaifo del confín,
junto al cual se encuentra el jardín de la
Morada [el Paraíso]
cuando el azufaifo estaba cubierto por aquello.
Un jardín que quizá
recordara aquél que recibirán los musulmanes en recompensa por su
fe y sus buenas obras, el jardín del Paraíso, tal y como se podía
leer en las inscripciones que decoran la macsura y el mihrab de
la propia mezquita mayor cordobesa (Corán 41, 30-32):
¡No
temáis ni estéis tristes! ¡Regocijaos, más bien, por el Jardín
que se os había prometido!
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