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Actos culturales

  El jardín andalusí

  Jardines de la Córdoba califal

 
 

 

El primer alcázar musulmán ocupó un viejo edificio que había servido de residencia a los gobernantes visigodos, situado junto al puente romano y a la basílica de San Vicente. Fue Abderramán (Abd al-Rahman) I quien, a su llegada a Córdoba en 756-757, reconstruyó y amplió dicho alcázar, convertido en sede del gobierno y de la administración del emirato, además de reforzar la muralla y fundar la mezquita aljama de la ciudad sobre la citada basílica.

Según el autor cordobés Ibn Bashkuwal (s. XII), los emires construyeron en su alcázar verdaderas maravillas; levantaron monumentos extraordinarios y bellos jardines que regaron con aguas traídas desde la serranía de Córdoba... Los nombres que reciben en las fuentes sus diversos salones indican la presencia de varios jardines en su interior. El llamado Qasr al-Bustán, Alcázar del Jardín, se encontraba cerca de una de las puertas del recinto, la de los Perfumistas. Precisamente en él se alojó el rey sevillano al-Mu’tamid (1069-1091) cuando tomó posesión de la ciudad y la anexionó a la Taifa de Sevilla. Algunas fuentes también citan el Qasr al-Hayr o Alcázar del Pabellón (de jardín). Otra de sus puertas recibía el nombre de Puerta de los Jardines, Bab al-Yinan.

 



GRANADA. LA ALHAMBRA
 RAUDA O CEMENTERIO REAL



CÓRDOBA. VISTA DEL RÍO, DEL PUENTE Y DE LA CIUDAD

En el interior del Alcázar, además, se hallaba el cementerio califal: los emires y califas recibían sepultura en un mausoleo (turba) localizado en un gran jardín llamado rawda. Probablemente fue cerca de él donde construyó el califa Abd al-Rahman III (912-961) un nuevo palacio, la Dar al-Rawda o Casa del Jardín.

Al mismo califa se debe la instalación de nuevas canalizaciones que llevaban agua de la sierra hasta la mezquita aljama y el alcázar, lo que aprovecha para colocar un surtidor junto a la Puerta de la Justicia de éste.

La identificación de jardín y cementerio que vemos en el alcázar se remonta a una tradición atribuida al profeta Mahoma (Muhammad), quien prohibió elevar un mausoleo sobre su tumba con estas palabras: entre mi tumba y mi mimbar [sólo] hay un jardín (rawda) de entre los jardines del Paraíso (Yanna). Poco después de su muerte en 632, se rodeó la tumba del Profeta en la Mezquita de Medina, reconstruida entonces, con un muro pentagonal y aquel recinto se llamó Rawda, ‘el Jardín’. Esa es la razón de que este término, que literalmente significa ‘jardín’, designe un lugar funerario. Así, la palabra derivada en castellano, rauda, significa ‘cementerio musulmán’ de forma genérica. En Al Ándalus sólo se conservan restos de una rauda en el Palacio de la Alhambra de Granada. El Cementerio Real, donde se enterraban los sultanes nazaríes, estaba situado entre el conjunto del Patio de los Leones y la desaparecida mezquita aljama (hoy iglesia de Santa María).

 
     


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