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En
1145, tras la desintegración del Estado almorávide, en Murcia, como
en otros muchos lugares de Al Ándalus, se alza con el poder Ibn
Mardanis, llamado Rey Lobo por los cronistas castellanos,
que gobierna un pequeño reino independiente desde 1147 a 1172, y
ofrece una
feroz resistencia a las tropas almohades. Sólo después de su muerte,
en 1172, éstas pudieron conquistar la región murciana. Según relata
un cronista, Ibn Idari, en 1171 los almohades llegaron hasta
la ciudad de Murcia, la sitiaron y se apoderaron del castillo de
Faray [el elevado], que era la quinta de recreo de Ibn Mardanis,
arrasando sus jardines y sus huertos y lo contiguo de llanos y aldeas.
Es muy probable que el texto se refiriera a una almunia, hoy
conocida como el Castillo de Larache, situada muy cerca del Castillejo
de Monteagudo. Este último se corresponde con el Qasr ibn Sa‘d
citado por diversas fuentes. Ambos fueron edificados por orden
de Ibn Mardanis de quien se dice que construyó asombrosas alcazabas
y grandes paseos y jardines.
Según
una descripción anónima, Murcia es muy fértil, pues la mayor
parte de su suelo dispone de riego; la rodean por todos los lados
arboledas y huertos en una distancia de doce millas, de modo que
el que se dirige a ella camina bajo la sombra de los árboles, el
trinar de los pájaros y el correr de las aguas hasta entrar por
la puerta de la ciudad.
El mejor conservado de aquellas obras
de Ibn Mardanis era el Castillejo de Monteagudo, situado en lo alto
de un escarpado altozano de Murcia. Desgraciadamente, el interés
que despertó el edificio entre los especialistas no impidió su parcial
destrucción a mediados del siglo
XX, antes de concluirse su estudio
arqueológico. Es un recinto rectangular reforzado por fuertes torreones
que acogen en su interior estancias palatinas. Las estancias del
palacio se organizan en torno a un patio de crucero con sendas albercas
en los lados menores. Junto a ellas se localizan los salones más
importantes. El andén transversal, que une las salas de los lados
mayores, es más ancho para facilitar la circulación interna del
palacio. El torreón situado en el centro de cada lado, unidos entre
sí por los andenes del patio, hacía las funciones de mirador. Una
terraza ajardinada se situaba a un nivel inferior en el flanco occidental,
dominada por el torreón-mirador de ese lado. La planta de este palacio
tiene sus paralelos más cercanos en dos palacios cercanos, el zirí
de Ashir (Argelia), del siglo X, y la Zisa de Palermo, de mediados del siglo
XII.
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MURCIA. VISTA DEL CASTILLEJO DE MONTEAGUDO
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MURCIA. PLANTA DEL CASTILLEJO DE MONTEAGUDO
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El Castillejo de Monteagudo estaba rodeado de una serie de fincas
provistas de grandes albercas y de huertos, como el citado Castillo
de Larache, y de emplazamientos defensivos como el propio Castillo
de Monteagudo, situado en otro monte cercano.
En la capital, Murcia, también
construyó Ibn Mardanis un palacio, la Dar al-Sugra o Casa
Menor, convertido después en el convento de Santa Clara la Real.
Estaba situado en el arrabal de la Arrixaca, que más tarde fue morería
de la ciudad cristiana. La residencia, orientada de norte a sur,
se organizaba en torno a un gran patio de crucero rectangular (ca.
130 m2), con dos albercas en los lados menores y un pabellón
o quiosco de planta cuadrada (qubba) en su centro. Este pabellón
(de 5,70 m de lado) se levantaba sobre una plataforma formada por
la intersección de los dos andenes, de unos 8, 50 m de lado. En su
interior, en el centro, había una pequeña alberca generada por el
cruce de los cuatro canales que recorrían los andenes, cuyo fondo
estaba solado con ladrillos vidriados. El pabellón, construido en
ladrillo, estaba seguramente abierto mediante tres arcos en cada
frente lo que lo convertía en un mirador privilegiado (J. Navarro).
Los salones del palacio,
abiertos mediante pórticos hacia el patio-jardín, estaban decorados
con yeserías de tradición almorávide y pinturas murales con figuras
de animales y escenas cortesanas (músicos y personajes con turbantes);
otros restos parecen indicar que tuvieron techumbres de mocárabes,
de las primeras documentadas en Al Ándalus (de finales del siglo
XII). El palacio fue reconstruido por Ibn Hud, el reyezuelo independiente
que se alzó con el poder en Murcia en 1228, después de la caída
del imperio almohade, y por sus sucesores, hasta la definitiva conquista
cristiana ocurrida en torno a 1264. Ibn Hud hizo algunas reformas en el recinto,
de las que se han conservado restos decorativos. De la organización
original de los arriates del jardín o de las especies plantadas
en ellos apenas se sabe nada.

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