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Aunque no se conocen textos que describan
estos palacios almohades del Alcázar sevillano, sí conocemos, en
cambio, la noticia de la construcción de una residencia en Córdoba
por el primer califa almohade instalado en Al Ándalus, Abu Ya‘qub
Yusuf, aunque en este caso no ha pervivido ningún resto. Según el
cronista oficial, Ibn Sahib al-Sala, fue el arquitecto Ahmad ibn
Baso quien se encargó de construir los palacios y reforzar las murallas
de Córdoba, que durante unos meses, en 1162, fue la capital andalusí
de su imperio. Al-Maqqari (Nafh al-Tib) explica las razones
que llevaron al emir gobernador de Córdoba a construir un palacio
a las afueras de Córdoba sobre el lomo del Guadalquivir sostenido
por arcos, como si de una aceña se tratara.
Preguntaron
al Sayyid: «¿Cómo te has esmerado en construir este palacio dada
tu antipatía hacia los cordobeses?». Y contestó: «Sé que ellos
no recordarán a un gobernador destituido como yo. ¿Por qué siguen
en sus mentes los Omeyas? Me gustaría dejar una huella en este
país que hiciese que me recordasen a pesar de ellos». Me contó
mi padre que Nahid ibn Idris, poeta de Guadix, recitó sobre este
palacio: ¡Qué excelente es el palacio que se eleva sobre el agua,
teniendo bajo sus sillares, arcos!
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CÓRDOBA. RÍO Y ACEÑA
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