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La preocupación teórica que existe en todo el mundo por
los géneros literarios, no incluye de una manera afortunada el cuento, que sigue ocupando
un lugar secundario. La situación es particularmente grave en lo que concierne al cuento
infantil.

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Es tremendamente delicado ilustrar (ilustrar
que es, la letra vuelta imagen y el ojo que ve lo que se dice) para niños, cuando
pensamos que detrás de nuestro discurso está tratar de entrar en su imaginación para
imponerle la socialización del mundo adulto, esto sin olvidar el enigma central del
creador de este tipo de cuentos, ¿es posible que un emisor adulto halle el código
adecuado para la mentalidad receptiva infantil? |
El cuento en la educación es un vehículo excelente para
despertar la mentalidad, impartir instrucción moral, el interés por la ciencia, la
historia, la geografía, los estudios de la naturaleza... también un precioso instrumento
para estimular la sensibilidad artística y literaria y avivar el sentido crítico. Sin
olvidar que el libro infantil surgió siglos atrás como instrumento destinado a la
enseñanza.
La ilustración está más dirigida cuando va destinada a
textos formativos, porque aquí se excluye la función exclusivamente de diversión que
entraña el cuento infantil.
El niño, al percibir a través de las imágenes del cuento
este conjunto de dibujos, de símbolos y asimilarlos, establece una
relación definitiva. A través de esta percepción, el niño asimila el universo de los
símbolos integrados en un texto que está formado por más signos, en una estructura
específica y que el lenguaje manifiesta y transmite, de manera que por el
lenguaje-imagen, el niño asimila la cultura, la perpetúa o la transforma.
Las imágenes reproducen el mundo en la medida en que lo
evocan, representan, también por medio del discurso, un suceso y la experiencia que el
lector hace de este suceso, de manera que para el lector la imagen-discurso representa una
recreación de lo mismo. La literatura infantil refuerza la asociación simbólica de
determinados signos con determinados significados. Hay una necesidad de síntesis gráfica
atractiva, sin traicionar sus reconocibles atributos, de reducir conceptos muy complejos a
líneas muy accesibles, resaltando lo medular de un poema, de un cuento, de una leyenda o
una fábula. Un cuento es un mundo lleno de sugerencias plásticas, sugerencias que
van más allá de los textos que recrean. No es exagerado si decimos que el cuento
infantil sirve de instrumento de adoctrinamiento social.
| Todo el proceso evolutivo del niño es un
camino hacia la acomodación del yo al mundo y al otro. Alcanzar definitivamente esta
acomodación supone una interacción y una comunicación con el otro, es decir, una
integración socializante. Hasta que esto ocurre, el niño desarrolla, mediante una
actividad subjetiva y espontánea que es consecuencia y atributo del yo desenfrenado, la
imaginación. |
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La imaginación o la fantasía es una actividad necesaria
que significa para el niño la asimilación del mundo mediante los mecanismos de la
repetición, del juego, de las imágenes...
La fantasía infantil, entonces, posee sus propias leyes
específicas; a pesar de las teorías que defienden la isomorfía entre la mentalidad
primitiva y la mentalidad infantil, considerando a la primera como la infancia de la
humanidad. Es cierto que hay entre las dos un punto de contacto, razón por la cual los
cuentos de hadas se han convertido en material de lectura infantil. Recordemos, sin
embargo, que estos cuentos no fueron escritos para niños y solo se destinaron a ellos
tras una labor de adaptación. Esto nos obliga a precisar, por una parte, la especificidad
de la estructura de la fantasía infantil, y por otra, la adecuación de los cuentos
maravillosos a las categorías receptivas infantiles.
Si nuestras observaciones son correctas y los elementos
esenciales del género «cuento infantil» coinciden de verdad con los que hemos
establecido para el género «cuento», todos los cuentos infantiles terminan con una nota
optimista; los problemas se resuelven, en los casos en los que haya problemas y, aunque
terminen con un castigo al malo, el final siempre constituye una reintegración, una
lección aprendida.
La forma del cuento popular es la que caracteriza el cuento
infantil, y es la más adecuada para la recepción infantil. El niño selecciona del
cuento lo que simboliza para él algo personal y subjetivo; igual que el cuento popular
satisfacía los deseos de la comunidad primitiva, el cuento infantil debe satisfacer sus
deseos, apaciguar sus inquietudes, angustias, las preocupaciones de su mente infantil. De
ahí el final feliz: otorgar al niño una fuerte dosis de realismo trágico, sería
peligroso, podría causarle traumas insuperables.

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En el juego simbólico, el niño representa el
drama de su existencia infantil. Su recurso fundamental, la fantasía, le permite hacer
experiencias no solo de lo vivido, sino de lo no vivido y posible. El niño se distancia
de su mismo juego, proyectando roles, conflictos y actitudes. El niño que tiene conflictos interiores sin poder expresarlos, encuentra en los
cuentos soluciones y esperanzas. El niño sólo asimila lo que cabe dentro de su
experiencia. |
El emisor del cuento infantil y del cuento popular comparte
con su receptor las mismas propiedades mentales. Si el emisor que ilustra para niños ha
olvidado o superado definitivamente su infancia, no podrá lograr esa comunicación, esa
«comunión». Tampoco podrá lograrlo, se supone, el emisor adulto que transmita desde
fuera de las esferas de esa experiencia común, como es el caso de los que ilustran textos
para instruir.
La vida psicológica mental de un niño es un proceso
evolutivo que parte de la inestabilidad para llegar a la estabilidad; de la inconsciencia
de sí mismo a la conciencia; del egoísmo para desembocar en el altruismo; del
aislamiento a la interacción efectiva y social... Es lógico suponer que la literatura
infantil puede contribuir a la expansión del yo. Debe, en fin, estimular las facultades
intelectuales y creativas que el niño posee.
La literatura infantil debe desarrollar una conciencia
crítica sin la cual no hay libertad ni creación.
| Los cuentos que parten de la perspectiva
adulta imponen una aceptación coartando la libertad intelectual, la recepción libre. Si
el cuento representa un mundo cerrado, sin posibilidades expansivas, la acomodación del
niño estará condicionada por este mismo cierre. En cambio, si el mundo representado es
un mundo de potencialidad, la acomodación del yo seguirá la vía de una creación. |
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No tenemos que olvidar que cada país tiene una política
más o menos desarrollada que rige las publicaciones infantiles, lo cual significa que la
obra literaria infantil manifestará, si no explícitamente, por lo menos
implícitamente, las prohibiciones y prescripciones, en fin, el conjunto de
símbolos e imágenes que definen una sociedad o cultura determinada. Por todo esto, es de
suponer que, en el nivel de la recepción infantil, la lectura de un cuento supondrá la
asimilación simbólica de una cultura por medio de un lenguaje-imagen.
La verdadera función de la literatura infantil es la de
facilitar una asimilación de la realidad externa y la de estimular una acomodación libre
y creativa.
Es decir, que una sociedad sin una visión filosófica de
su identidad y de sus aspiraciones no será capaz de producir literatura infantil
trascendental. La producción de la literatura infantil plantea la necesidad de tomar
conciencia de la identidad social y de una misión filosófica del futuro social. |
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