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«Don Quijote», de Halffter.

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Introducción y escena I

Ángel Lizcano: «Cervantes y sus modelos» Una introducción orquestal intenta sugerir al espectador
el sombrío panorama de la sociedad española en los años del paso del siglo
XVI al siglo XVII.

Cervantes, hombre del siglo
XVI, crea a principios del XVII en su inmortal obra, en la que se resumen todas sus duras experiencias vitales, las bases de una forma nueva de entender la creación literaria y la misión que ésta debe cumplir en la sociedad.


Cervantes piensa, siente, padece y goza según los conceptos de su tiempo. Por ello, se expresa también según la música de la época en un aria con el siguiente texto:


Mariano de la Roca: «Cervantes imaginando 'El Quijote'»



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Escena II

 

Dulcinea y Aldonza estimulan a Cervantes para que, desde su oficio de escritor, sea testigo y ejerza la crítica de su tiempo: reflejar su circunstancia creando belleza. Promueven también a que sean ellas mismas creadas. Todavía no existen.

 



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Escena III
 

Tiene lugar en la venta en la que va a aparecer por vez primera Don Quijote —hijo del entendimiento, hijo de mi entendimiento—. En la venta va a ser investido caballero andante. El coro canta festivamente:

Hoy comamos y bebamos
y cantemos y holguemos,
que mañana ayunaremos...

Juan F. Mexía: «La edad de oro»

 

Don Quijote se dirige a las dos mujeres, Dulcinea y Aldonza, como una unidad del símbolo de lo que cada una de ellas representa y pide al ventero ser armado caballero. Aldonza atiende a Don Quijote en lo material; Dulcinea canta:

Bendita locura... por la que nos haremos cuerdos.

El coro pasa de lo festivo a la agresión para terminar en la burla, entonando:

Kyrie... / Dominus vobiscum... / Sursum corda...

Y en un ritual entre lo burlesco y lo trascendente, Don Quijote es investido caballero.

 



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Escena IV
 

Una transición orquestal nos sitúa ante la dualidad: molinos/gigantes o realidad positivista/realidad interpretada.


Ilustración de Gustavo Doré
  
Don Quijote lucha
contra los gigantes,
que para Sancho son
molinos y para él representan el poder
en sí mismo,
y contra el poder
ejercido desde la mediocridad por el mentiroso,
el mediocre, el avaro...

Ilustración de Gustavo Doré

Don Quijote sufre su primera derrota.

 



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Escena V
 

El escenario se divide en dos espacios: en uno, Don Quijote y Sancho yacen derrotados con Dulcinea y Aldonza. En el otro, la Sobrina, una Moza, el Ama, el Barbero, el Licenciado y el Cura, es decir, el entorno familiar y bienpensante de Don Quijote, advierten sobre la peligrosidad de los libros y del peligro que a la sociedad acecha su lectura incontrolada. Observando al derrotado y malherido Don Quijote, cantan:

Miguel Jadraque: «Una escena del 'Quijote'»

 

Al otro lado de la escena, Dulcinea y Aldonza restañan las heridas de Don Quijote: Aldonza, con cuidados concretos; Dulcinea, con poesía:

Malferida iba la garza enamorada...

 

Don Quijote hace ver a Sancho la trascendental importancia de la poesía en nuestra existencia, que es la que nos da la vida y nos hace conocer la realidad.

El Cura, al oír estas palabras reacciona y dice:

Poesía, ¡no! ¡al fuego!... y lo que es peor,
hacerse poeta que es enfermedad
muy grave, incurable y pegadiza.

Comienza el expurgo de los libros que va desde los Amadises y Palmerines hasta Calderón, Moliere, Manrique, Ortega, Zubiri, Cela, Delibes, Rilke, Joyce, Freud, Kafka, Hegel, Fichte, Cervantes...

Mientras se prepara el inmenso túmulo, se oyen tambores y clarines que anuncian la presencia de una nueva dualidad: las ovejas y corderos, el rebaño y los ejércitos, la masa humana que obedece sin saber a ciencia cierta quién le manda, cuáles son las causas últimas que rigen su conducta y a quién beneficia ésta.

 

Don Quijote lucha contra lo que cree un gran ejército compuesto por: Alifánfarón de la Tropabana, Pentapolín del Arremangado Brazo, Timonel de Carcajona, el Temible Micocolembo...

Sancho sólo ve ovejas y carneros.


El coro, simbolizando la dualidad «rebaño / masa» y cantando por segunda vez el Hoy comamos y bebamos se une a la Sobrina, Ama, Moza, Ventero, Licenciado y Cura para iniciar la quema de los libros y la nueva derrota de Don Quijote.

 



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Escena VI
 

Sobre la ruina total del entorno de Don Quijote —sus libros, de donde él mismo ha surgido—, el Caballero, en su lecho de muerte, increpa a Cervantes y pide saber las razones que le han llevado a crearlo así:

DON QUIJOTE: ¿Por qué siempre derrotas?

Cervantes le responde:

Tú no eres un hombre, tú eres un mito y los
mitos no nacen por ley de naturaleza; nacen
de la fantasía y viven en las mentes de los seres
humanos que luchan por deshacer entuertos
y traer la justicia a este mundo.

Don Quijote quiere saber a qué está condenado.

 

Grabado de Juan Barcelon

CERVANTES: A velar que ni molinos ni gigantes, ni corderos, ni ovejas, ni caudillos, nos prohiban leer, pensar, sentir, ser distinto, elegir tu camino, escapar del rebaño.

Sancho, contagiado de la locura de su señor, pide a Don Quijote que se levante, que no se muera, pues él tiene noticia de que la señora Dulcinea está ya desencantada. Aldonza cuida al herido con poesía. Dulcinea, desde la realidad, canta: Bendita locura...

Don Quijote acepta su destino. Cervantes acepta el suyo...

Ilustración de Gustavo Doré

 

Y consiento en mi morir con voluntad placentera
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera, es locura.

 

Víctor Manzano: «Útimos momentos de Cervantes»

 

Cervantes, ser humano, naturaleza, muere. Don Quijote, cultura, creación, permanece.

 


El sexteto —Sobrina, Moza, Ama, Barbero, Licenciado y Cura— irrumpen sobre las ruinas clamando:

Aquí está nuestro triunfo... sin libros,
sin leer, un solo rebaño...
sin pensar, sin sentir, un solo poder, un solo caudillo,
un solo rebaño, sin leer...

El coro, de nuevo simbolizando a esas masas dirigidas y conducidas por unos intereses que le son desconocidos y ajenos, vuelve a entonar el Hoy comamos y bebamos en una nueva versión coral e instrumental que se interrumpe con el sonido de una campana rota. El símbolo de Don Quijote y todo lo que con él se ha intentado reflejar —la utopía, la cultura, la tradición, la caballerosidad, el idealismo, la realidad interpretada, la fantasía creativa, la creación literaria y un larguísimo etcétera— ese símbolo, asentado sobre las ruinas y las cenizas de los libros, permanece, mientras que la campana rajada suena una y otra vez hasta parecer no tener fin. Simboliza la esperanza en la permanencia, por encima de toda derrota, de la utopía trascendente en el ser humano en la continuidad de los tiempos.

 

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