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Introducción
y escena I |
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Una introducción orquestal intenta
sugerir al espectador
el sombrío panorama de la sociedad española en los años del paso del siglo
XVI al siglo XVII. |
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Cervantes, hombre del siglo XVI, crea a principios del XVII en su inmortal obra, en la que
se resumen todas sus duras experiencias vitales, las bases de una forma nueva de entender
la creación literaria y la misión que ésta debe cumplir en la sociedad. |
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Cervantes piensa, siente, padece y goza según los conceptos de su tiempo. Por ello, se
expresa también según la música de la época en un aria con el siguiente texto: |
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Escena II
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Dulcinea y Aldonza
estimulan a Cervantes para que, desde su oficio de escritor, sea testigo y ejerza la
crítica de su tiempo: reflejar su circunstancia creando belleza. Promueven también a que
sean ellas mismas creadas. Todavía no existen.
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Escena III |
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Tiene lugar en la
venta en la que va a aparecer por vez primera Don Quijote hijo del entendimiento,
hijo de mi entendimiento. En la venta va a ser investido caballero andante. El
coro canta festivamente:
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Hoy comamos y bebamos
y cantemos y holguemos,
que mañana ayunaremos... |

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Don Quijote se dirige
a las dos mujeres, Dulcinea y Aldonza, como una unidad del símbolo de lo que cada una de
ellas representa y pide al ventero ser armado caballero. Aldonza atiende a Don Quijote en
lo material; Dulcinea canta:
Bendita locura... por la que nos
haremos cuerdos.
El coro pasa de lo festivo a la agresión
para terminar en la burla, entonando:
Kyrie... / Dominus vobiscum... /
Sursum corda...
Y en un ritual entre lo burlesco y lo
trascendente, Don Quijote es investido caballero.
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Escena IV |
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Una transición
orquestal nos sitúa ante la dualidad: molinos/gigantes o realidad positivista/realidad
interpretada. |
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Don Quijote lucha
contra los gigantes,
que para Sancho son
molinos y para él representan el poder
en sí mismo,
y contra el poder
ejercido desde la mediocridad por el mentiroso,
el mediocre, el avaro... |
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Don Quijote sufre su primera derrota.
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Escena V |
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El escenario se
divide en dos espacios: en uno, Don Quijote y Sancho yacen derrotados con Dulcinea y
Aldonza. En el otro, la Sobrina, una Moza, el Ama, el Barbero, el Licenciado y el Cura, es
decir, el entorno familiar y bienpensante de Don Quijote, advierten sobre la
peligrosidad de los libros y del peligro que a la sociedad acecha su lectura incontrolada.
Observando al derrotado y malherido Don Quijote, cantan:

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Al otro lado de la
escena, Dulcinea y Aldonza restañan las heridas de Don Quijote: Aldonza, con cuidados
concretos; Dulcinea, con poesía:
Malferida iba la garza
enamorada... |
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Don Quijote hace ver
a Sancho la trascendental importancia de la poesía en nuestra existencia, que es la que
nos da la vida y nos hace conocer la realidad.
El Cura, al oír estas palabras reacciona y dice:
Poesía, ¡no! ¡al fuego!... y
lo que es peor,
hacerse poeta que es enfermedad
muy grave, incurable y pegadiza.
Comienza el expurgo de los libros que va
desde los Amadises y Palmerines hasta Calderón, Moliere, Manrique,
Ortega, Zubiri, Cela, Delibes, Rilke, Joyce, Freud, Kafka, Hegel, Fichte, Cervantes...
Mientras se prepara el inmenso túmulo, se oyen
tambores y clarines que anuncian la presencia de una nueva dualidad: las ovejas y
corderos, el rebaño y los ejércitos, la masa humana que obedece sin saber a ciencia
cierta quién le manda, cuáles son las causas últimas que rigen su conducta y a quién
beneficia ésta.
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Don Quijote lucha contra lo que cree un gran ejército
compuesto por: Alifánfarón de la Tropabana, Pentapolín del Arremangado Brazo, Timonel
de Carcajona, el Temible Micocolembo...
Sancho sólo ve ovejas y carneros.
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El coro, simbolizando la dualidad «rebaño / masa» y cantando por segunda vez el Hoy
comamos y bebamos se une a la Sobrina, Ama, Moza, Ventero, Licenciado y Cura para
iniciar la quema de los libros y la nueva derrota de Don Quijote. |
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Escena VI |
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Sobre la ruina total
del entorno de Don Quijote sus libros, de donde él mismo ha surgido, el
Caballero, en su lecho de muerte, increpa a Cervantes y pide saber las razones que le han
llevado a crearlo así:
DON QUIJOTE: ¿Por qué siempre
derrotas?
Cervantes le responde:
Tú no eres un hombre, tú eres
un mito y los
mitos no nacen por ley de naturaleza; nacen
de la fantasía y viven en las mentes de los seres
humanos que luchan por deshacer entuertos
y traer la justicia a este mundo.
Don Quijote quiere saber a qué
está condenado.
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CERVANTES: A
velar que ni molinos ni gigantes, ni corderos, ni ovejas, ni caudillos, nos prohiban leer,
pensar, sentir, ser distinto, elegir tu camino, escapar del rebaño. |
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Sancho, contagiado de la locura de
su señor, pide a Don Quijote que se levante, que no se muera, pues él tiene noticia de
que la señora Dulcinea está ya desencantada. Aldonza cuida al herido con poesía.
Dulcinea, desde la realidad, canta: Bendita locura... Don Quijote acepta su destino. Cervantes acepta el suyo... |

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Y
consiento en mi morir con voluntad placentera
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera, es locura.
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Cervantes, ser humano, naturaleza,
muere. Don Quijote, cultura, creación, permanece.
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El sexteto Sobrina, Moza, Ama, Barbero, Licenciado y Cura irrumpen sobre las
ruinas clamando:
Aquí está nuestro triunfo...
sin libros,
sin leer, un solo rebaño...
sin pensar, sin sentir, un solo poder, un solo caudillo,
un solo rebaño, sin leer...
El coro, de nuevo simbolizando a esas masas
dirigidas y conducidas por unos intereses que le son desconocidos y ajenos, vuelve a
entonar el Hoy comamos y bebamos en una nueva versión coral e instrumental que
se interrumpe con el sonido de una campana rota. El símbolo de Don Quijote y todo lo que
con él se ha intentado reflejar la utopía, la cultura, la tradición, la
caballerosidad, el idealismo, la realidad interpretada, la fantasía creativa, la
creación literaria y un larguísimo etcétera ese símbolo, asentado sobre las
ruinas y las cenizas de los libros, permanece, mientras que la campana rajada suena una y
otra vez hasta parecer no tener fin. Simboliza la esperanza en la permanencia, por encima
de toda derrota, de la utopía trascendente en el ser humano en la continuidad de los
tiempos.
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