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El Goya interior pinta para Goya lo que Goya imagina, libre de las
imposiciones académicas, de la moda. Es aquí donde más se nos revela como precursor de
temas y técnicas. Goya es un anciano que ha vivido con intensidad, que ha descubierto
finalmente tanta amargura en el mundo exterior (la guerra, la persecución, los intereses
políticos enfrentados) que termina por refugiarse dentro de sí mismo. Esto se expresa en
la fuerza y la oscuridad de las Pinturas Negras. La mujer queda sola (La Leocadia:
Leocadia Zorrilla, la última mujer que comparte su vida; en un principio, en esta imagen,
después retocada por el propio Goya, su compañera se apoyaba sobre la tumba del pintor).
La mujer puede ser también terrible: Dos viejos comiendo sopa, Judith y
Holofernes, Las Parcas.
Sin embargo, el último Goya no se
centra sólo en su desilusión frente al mundo: la mujer, en definitiva, es un sueño
apacible, hasta el final de la propia vida del pintor (La lechera de Burdeos,
pintada a poco menos de un año de su muerte, ya exiliado en Francia). |