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Es el Goya más joven. Es un Goya cortesano, satisfecho de su posición. Se
atiene a la moda de su época: a escenas de galanteo, sencillas e incluso blandas (El
quitasol, La maja y los embozados; Las mozas del cántaro). Pero a veces
nos da cuenta también, con sentido mordaz, del sometimiento que se imponía a la mujer:
por ejemplo, los matrimonios concertados por los padres (que Goya caricaturiza en La
boda, escena próxima a la obra de teatro El sí de las niñas, de Leandro
Fernández de Moratín).
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