| La admiración que causa la
contemplación de la obra de Gaudí es un hecho contrastado. Pero, más allá de una
mirada superficial, el conocimiento del fondo de sus obras constituye un verdadero reto
intelectual.
Gaudí no concibe una obra exclusivamente desde planteamientos estéticos, pese a la deuda
de la arquitectura con las artes decorativas que se hace evidente en los edificios
modernistas; el arquitecto catalán se sirve de la plástica, de los materiales, de las
formas, para crear conjuntos integrados: pequeños mundos simbólicos de ideas que resumen
la belleza como parte de la misión del hombre como creador en el mundo.

La deuda con la naturaleza (el
replanteamiento de nociones geométricas primigenias, mucho más complejas que las
formadas por meros círculos, rectángulos o cuadrados y sus proyecciones volumétricas) y
la innovadora utilización de la luz se resumen en una conjunción armónica:
«La creación continúa incesantemente por
mediación de los hombres; el hombre no crea: descubre y parte de ese descubrimiento. Los
que buscan las leyes de la naturaleza para formar nuevas obras, colaboran con el
creador.»

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