¡Oh hado secutivo en mis dolores,
cómo sentí tus leyes rigurosas!
Cortastel árbol con manos dañosas
y esparciste por tierra fruta y flores.
En poco espacio yacen los amores,
y toda la esperanza de mis cosas,
tornados en cenizas desdeñosas
y sordas a mis quejas y clamores.
Las lágrimas que en esta sepultura
se vierten hoy en día y se vertieron
recibe, aunque sin fruto allá te sean,
hasta que aquella eterna noche
escura
me cierre aquestos ojos que te vieron,
dejándome con otros que te vean.
(Texto tomado de Antonio Prieto, 1999.)
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