Cuando me paro a contemplar mi stado
y a ver los pasos por do mhan traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;
mas cuando del camino stó olvidado,
a tanto mal no sé por do he venido;
sé que me acabo, y más he yo sentido
ver acabar comigo mi cuidado.
Yo acabaré, que me entregué
sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme
si quisiere, y aún sabrá querello;
que pues mi voluntad puede
matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?
(Texto tomado de Bienvenido Morros,
1995.)
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