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Ausencia de Toledo
La voz a ti debida
I
Ya cruzarán de Alcántara a Galiana
las nuevas aves de la primavera,
y un sueño mío irá por la ribera
del río que adelanta la mañana.
Ya escalará la hierba más temprana
piedras de San Servando. ¡Oh, la primera
aventura de amor, la azul ladera,
y el paisaje de ayer en mi ventana!
Guardará el cigarral su sombra, y tanto
retrasará la tarde su relevo
que caerán las estrellas de repente.
Y en esta soledad donde te canto
llega también la voz que a ti te debo
como un agua delgada por un puente.
II
Qué desconsuelo al aire de Castilla,
ciudad, lleva este verso en que termino
mi voz de ti heredada, como un vino
que es ya rubor sobrado en la mejilla.
Cómo creces sin mí, cómo se humilla
mi sien a tu recuerdo. No hay camino
que a ti me conduzca, y falta lino
para enjugar mi llanto por tu orilla.
¡Oh, ascendido refugio de campanas!
Tú ordenaste mi pie, y encuentro bajo
mi huella los rumores de tus bronces.
Cómo añora la luz de mis mañanas
al claro, curvo y descansado Tajo,
hoy buscador de mi niñez de entonces.
(Texto tomado de: Segundo libro
de poemas, Madrid, 1951, pp. 152-153. Antonio Gallego Morell, Fama póstuma de
Garcilaso de la Vega, Granada: Universidad de Granada, 1978, pp. 229-230.)
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